Devoción a rebosar en la Esperanza

El arzobispo de Barcelona se aproxima al altar para oficiar la misa con la iglesia llena y la patrona en primer término. :: juan marín/
El arzobispo de Barcelona se aproxima al altar para oficiar la misa con la iglesia llena y la patrona en primer término. :: juan marín

La alcaldesa de Logroño recuerda «a los que atraviesan momentos difíciles» y a «los que trabajan por un futuro más próspero» para la ciudad El cardenal Juan José Omella ofició la misa de la patrona y alcaldesa mayor en Santiago

María José Lumbreras
MARÍA JOSÉ LUMBRERASLogroño

Mientras el ritmo de la ciudad seguía su curso, hubo logroñeses celebrando a su patrona y alcaldesa mayor, la Virgen de la Esperanza. La normalidad era tal que hasta los podadores de árboles trabajaban a la altura del paso de peatones del paseo de Dax por el que había de pasar el Concejo camino de la Iglesia de Santiago a riesgo de que un palo acabara en la cabeza de cualquiera. Pero alguien cayó en la cuenta y se tuvieron que retirar antes del paso de la Corporación.

La fiesta de la Virgen de la Esperanza es modesta pero sentida. Misa, procesión y alguna actividad por la tarde. Ayer, festival folclórico y concierto de órgano en La Redonda. El templo de Santiago estaba a rebosar a las doce. Se llena cada año, pero ayer más aún. No en vano volvía Juan José Omella, cardenal y arzobispo de Barcelona, que hace sólo dos años ofició la misma misa como obispo riojano, como él mismo recordó ayer.

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A sus anchas en Santiago, el arzobispo compartió, de esa forma campechana que le caracteriza, recuerdos y sentimientos con la nutrida concurrencia. «Me da la sensación de que no ha pasado el tiempo. No habéis envejecido. Me siento un vecino más de Logroño, un riojano más». Y sí, también respondió a la pregunta que tantos querían hacerle sin tener ocasión, la de qué tal por Cataluña. «Son buena gente los catalanes», apuntaba, para contar que, si estuvo contento en La Rioja, también lo está en Barcelona, ciudad en la que hay grupos muy comprometidos en «vivir la fe y en atender a los pobres», relataba.

«Me da la sensación de que no habéis envejecido. Me siento un logroñés más», afirmó el prelado «Seamos su refugio», clamó la alcaldesa refiriéndose a quienes han de abandonar su casa por la guerra

La alcaldesa, Cuca Gamarra, también intervino, como suele en estas ocasiones. De manera florida, urgió protección para todos los logroñeses «que cada día emprenden una nueva aventura personal, profesional y familiar. Para todos los que cada día sueñan y trabajan para consumar un futuro más próspero (...) Y especialmente para aquellos que atraviesan momentos difíciles».

«Guíanos en el objetivo de la inclusión real y efectiva de todos y cada uno de los logroñeses», apuntó. Y pidió además a la patrona que extienda «un mensaje de unidad ante cualquier intento de fracturar la armonía de nuestra sociedad (...)». «Que la locura y la dictadura terrorista entierren sus ánimos de venganza y las armas cedan voluntariamente la razón a las palabras», apostilló, en un llamamiento a la paz antes de concluir: «Seamos su refugio» tras referirse a quienes han de abandonar sus hogares por la guerra.

Después de la ceremonia religiosa, la Virgen de la Esperanza fue llevada en andas por las calles del centro histórico hasta Portales y, de ahí, vuelta a casa. La Agrupación Musical de Logroño amenizó el recorrido, pero tampoco faltaron jotas o gaitas dedicadas a la patrona en el trayecto, en el que aún fue arropada por vecinos y no faltaron los que pasaban que se quedaban a mirar.

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