El derribo de Gran Vía 29 será manual y comenzará a finales de agosto

Un amplio andamiaje cubre ya las dos fachadas del edificio. /JUAN MARÍN
Un amplio andamiaje cubre ya las dos fachadas del edificio. / JUAN MARÍN

Un amplio andamio cubre el inmueble, cuyas obras durarán dos meses y se espera que el entorno apenas se vea afectado por los trabajos

África Azcona
ÁFRICA AZCONALogroño

Todo está listo para el derribo de Gran Vía 29. La demolición del inmueble, en pleno centro de Logroño y declarado en ruina económica, comenzará a finales de este mes o principios de septiembre una vez que se resuelvan las últimas cuestiones de preparación previas. Un amplio andamiaje, terminado de instalar el pasado martes tras quince días de preparativos, ya anuncia el inminente inicio de los trabajos, que como aseguraron ayer desde la dirección de obra, apenas se notarán en la zona, ya que el objetivo es ir desescombrando en el solar contiguo sin que afecte a la vía pública. Para transitar de manera segura se ha colocado, además, una tela de protección en toda la fachada principal, tanto en Gran Vía como en Gil de Gárate.

El histórico edificio de Fermín Álamo, construido hace 85 años, desaparecerá tras una demolición controlada, que comenzará por la cubierta para luego seguir planta por planta. Será una intervención prácticamente manual, de dos meses de duración, «en la que las máquinas entrarán tan sólo en el último momento para recoger los escombros», según explicó jueves David D. Elices Kolmerschlag, uno de los arquitectos de esta obra para la que la comunidad de vecinos de Gran Vía 29 obtuvo licencia recientemente, el pasado 24 de julio. En dicha concesión se exige expresamente la protección en el entorno del arbolado, así como el cuidado «en todo momento» del tránsito peatonal y rodado en las debidas condiciones de seguridad y comodidad».

EL DERRIBO

Daños anteriores
Acumulación de excrementos de palomas y filtración de agua.
Licencia municipal
Exige el tránsito peatonal y rodado en el entorno.
Escombros
Se retirarán al solar contiguo para no entorpecer la seguridad y comodidad del peatón.

Este es precisamente uno de los aspectos que más preocupan a los comerciantes y dueños de negocios de Teresa Gil de Gárate con los que contactó este periódico, entre ellos un bar que se ha visto obligado a retirar la mitad de las mesas de su terraza. El posible corte de la calle y la consecuente reducción del flujo de clientes era su mayor inquietud, aunque el técnico aseguró que no habrá cortes y, respecto a la retirada de escombros, «nuestra idea es utilizar la parcela colindante para no interrumpir el paso peatonal por ninguna de las dos calles».

Gran Vía 29 no ha dejado de ser noticia durante casi las dos últimas décadas. Sus deficiencias habrían tenido su origen en una plaga de termes que, en 1999, fue propiciada por las humedades de una marisquería instalada en los bajos del inmueble. Desde entonces los pisos empezaron a ser deshabitados y el edificio comenzó a entrar en un estado de total abandono. A día de hoy, prácticamente se consideraba un 'palomar', como recordaba el propietario de un bar próximo. «Aquí vivían más de mil palomas y no había manera de sacarlas», señalaba aliviado por la desaparición del edificio que ha de dar lugar a un nuevo solar urbanizable, aunque sin poder evitar su malestar por las molestias acarreadas en los últimos días por el continuo paso de los camiones encargados del transporte del cuerpo del andamiaje. «Estoy a favor del progreso, pero igual que el Ayuntamiento facilita estas obras, a mí también me gustaría que nos tuvieran más en cuenta y nos dejaran, por ejemplo, instalar las terrazas antes de la doce...».

La demolición llega después de que en junio el Ayuntamiento requiriera a la propiedad del inmueble la actuación en dos meses. Como informó este periódico, la retirada del litigio de los propietarios de los bajos comerciales, desocupados recientemente, supuso el desbloqueo del derribo.

La tramitación de las obras se planteaban tras la culminación de un proceso judicial con varios frentes: el litigio iniciado por una de las propietarias de los tres locales y el proceso que desencadenó la declaración del ruina económica del edificio por parte del Ayuntamiento en el 2003. Una controvertida decisión que fue anulada por la Justicia en el 2005. Tras años de avatares, finalmente el edificio de Fermín Álamo, de 1932, desaparecerá en unas semanas, dando paso a un nuevo solar, llamado a acoger nuevas viviendas.

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