Una demolición para evitar riesgos

Maquinaria desescombrando la parcela./Miguel Herreros
Maquinaria desescombrando la parcela. / Miguel Herreros

La vivienda abandonada en el cruce entre Piqueras y Estambrera es derruida tras años de ocupación y visitas furtivas | La propiedad, que ya había recibido varios requerimientos, tramita también el derribo del pabellón adyacente

Javier Campos
JAVIER CAMPOSLogroño

Derribada la casa al lado del pabellón, se acabó su ocupación, las visitas furtivas, los actos vandálicos... Así lo piensan los vecinos del barrio de Cascajos que, tras años reclamando una solución para la construcción abandonada entre Piqueras y Estambrera, veían cómo ayer concluía la demolición de la vivienda en cuestión.

El solar abandonado que se ubica entre el 'Supercor' del edificio Querétaro y la gasolinera de Piqueras se convirtió en un problema desde la marcha del negocio de compraventa de vehículos que lo ocupaba. Ahora, y tras un serie de requerimientos municipales a la propiedad -Inmobiliaria Ortega, Construcciones Azpurgua y Construcciones Zenón Hernáiz-, el derribo de la vivienda busca evitar peligros.

En pie siguen el grupo de pabellones y naves en desuso junto a una explanada ahora mayor. Los propietarios, en cualquier caso y según informa el Ayuntamiento de Logroño, tramitan ya la licencia para proceder también a su demolición. Cero construcciones, cero problemas... El conjunto se emplaza dentro del PERI de reconversión industrial Número 20, denominado como Río Chiquito, ejecutado al 85% a fecha de hoy.

La intervención de la Policía Local, hace ahora un año, dejaba claro que la edificación estaba siendo utilizada «y que se había realizado incluso un enganche al tendido eléctrico». Y ello pese a su «estado total de abandono», con huecos abiertos en el vallado de la parcela y en las construcciones que permitían el acceso incontrolado a su interior, materiales fungibles acumulados y vegetación invadiendo parcialmente el espacio público.

Miguel Herreros

El incendio del pasado noviembre no fue más que un incidente más, pero el que ha servido para que la propiedad opte por derruir la vivienda de dos plantas para que nadie pueda usarla como refugio y hacer lo propio con el pabellón. Las consecuencias han sido inmediatas y estos días ya puede verse gente durmiendo en un pasaje entre las naves, con acceso por la calle Piqueras.

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