DEL CUENTO AL DERRUMBE

Mª JOSÉ LUMBRERAS

Cada uno a su estilo, con sus cosas, pero los grupos de la oposición hicieron un diagnóstico bastante parecido y coincidieron en más de un argumento. Todos ellos desconfían de las promesas nuevas, claro, porque no ven avances en las antiguas. Incumplimientos, decían los portavoces. «Tacita a tacita», les respondía la alcaldesa, Cuca Gamarra, para señalarles que las actuaciones llevan sus trámites y, éstos, su tiempo. ¿Pero tanto tiempo? Porque la ludoteca de La Cava lleva adjudicada desde enero y aún no se ha empezado, recordaba la portavoz socialista, Beatriz Arraiz. También recurrieron todos los grupos a la abultada marcha de jóvenes. 10.000 de 20 a 40 años en 10 años, contaba el portavoz de Cambia, Gonzalo Peña. «Esto es una tragedia», apostillaba. Habrá que ver las causas de la marcha y asegurarse de que puedan volver cuando así lo quieran, fue lo que respondió al respecto la primera edil. También el prolongado cierre del Centro de la Cultura del Rioja fue recurrente. Normal. Doce millones nos costó a todos. La convocatoria de la plaza de director sigue su trámite y la licitación de las reparaciones aún debe producirse para reabrirlo en el 2018, contó Gamarra. Ninguno se privó de mencionar el derrumbe de la Casa del Cuento. Alguno lo vio como metáfora de lo que le pasará al Gobierno local en unos meses. Otro halló analogías con la gestión del Ejecutivo municipal. Hubo quien la usó para decir que este año aún había menos cosas que el pasado. Se habló también y mucho de dineros en general, que si impuestos, que si financiación, que si deuda... La alcaldesa incluso se permitió poner algunas 'trampas' a sus contrincantes políticos. «En el caso de recaudar menos, ¿qué servicios reduciría, teniendo en cuenta además que los servicios son empleo?», preguntaba con insistencia Gamarra. Arraiz hasta contestó. Que si el polideportivo de Maristas, que si la Casa del Cuento. Gonzalo Peña no entró a la muleta que le ponía cuando le decía que el dinero de las inversiones que reclamaba venía de los bancos y que, si estos obtenían beneficios, a él, tan crítico con la financiación del soterramiento, no le iba a parecer bien. Y si Cs quería menos impuestos a cuenta del superávit, Gamarra le recordó que éste es sólo para bajar la deuda, que otra cosa no se puede. Hubo también quien rememoró -más de uno- que la Comunidad Autónoma no ha pagado todavía, entre otros, el convenio de Servicios Sociales del 2015, solo que Arraiz tuvo ocasión de mencionarlo cuando aún estaba en la sala el presidente del Gobierno regional, José Ignacio Ceniceros.

Y si el primer día del debate no se habló mucho de los barrios, según decía ayer algún portavoz, ayer tampoco se les mencionó demasiado. Ni tampoco a otros colectivos específicos, más allá de los funcionarios municipales, que para eso los concejales los tienen más cerca y los ven a menudo. «Bájese del coche oficial», le clamaban los portavoces a la alcaldesa, quizá subidos ellos mismos también al suyo propio.

Y al final ¿qué? ¿Logroño estará hoy mejor? Estará igual. Cada uno recitó su librillo, la alcaldesa más, que para eso tuvo más tiempo, y ya está. Al menos hicieron que escuchaban a los otros, en unos cuantos casos, eso sí, lo que las teclas del móvil y/o tablet permitieron.

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