El Campillo también existe

Óscar y Leticia, con Zhoe en brazos, señalan una grúa -la única tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis económica que se ve en todo el barrio-. /Antonio Díaz Uriel
Óscar y Leticia, con Zhoe en brazos, señalan una grúa -la única tras el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis económica que se ve en todo el barrio-. / Antonio Díaz Uriel

El barrio, urbanizado al otro lado del Ebro hace ocho años, lucha por su integración

LOGROÑO

«Sabíamos perfectamente donde veníamos». Óscar y Leticia, con la pequeña Zhoe en brazos, se disponen a entrar en el portal de su casa tras despedirse de una de sus vecinas. El matrimonio, joven y con hijas pequeñas, fue de los primeros en llegar y ocho años después no se arrepienten de tal decisión.

El Campillo, cuya urbanización al otro lado del Ebro -en la margen izquierda- va camino de cumplir una década, sigue esperando quien lo habite. Planificado para acoger hasta 1.700 pisos, a día de hoy los bloques que llegaron a construirse -habitados o a medio habitar- se levantan entre parcelas vacías y son alrededor de un millar de vecinos quienes cada día 'salvan' la barrera que representa el río en una lucha continua por su integración.

«Tenemos claro que somos logroñeses de pleno derecho», comentan en el único bar abierto. «Es una zona tranquila, de parejas jóvenes con hijos pequeños, con dos tiendas de barrio, una peluquería y nada de comercio... pero con zonas verdes para expandirse y a apenas 10 minutos del centro. El servicio de autobús urbano funciona y, puestos a pedir, recordar a las autoridades que en su día prometieron un colegio y un centro de salud, porque la falta de ambos sí que nos supone un trastorno».

El diagnóstico de la pareja no puede ser más certero, aunque hay quien añade otras carencias. «Bueno, tampoco hay farmacia ni un cajero automático donde poder sacar dinero», precisa Ibón mientras despacha en la frutería El Campillo, una de sus dos tiendas. «Aunque tenemos cabina telefónica», indican en la terraza de la cafetería Kataleya.

La tromba de agua caída durante la histórica tormenta del pasado fin de semana, que anegó especialmente zonas del barrio, ha vuelto a situar en el mapa a un Campillo que, como dicen sus vecinos, también existe. «Aquí estamos, y lo de ser una zona apartada es relativo pues en nada, y cruzando la pasarela del Rincón de Julio, te plantas en el Casco Antiguo», insisten.

54 habitantes censados -según datos del último padrón municipal- en la calle Ana María Matute, 90 en Concepción Arenal, 89 en Emilia Pardo Bazán, 46 en Juan José Elhúyar, 64 en María Teresa León, 31 en Vicente Ochoa, 126 en San Ignacio de Loyola y hasta 491 en Segundo Arce, lo que la convierten en la vía más poblada. «Y eso que ha ido viniendo gente, muy poco a poco, pero ahora es cuando más somos», añaden.

Díaz Uriel

Incluso hay quien relativiza la dependencia del vehículo particular o el transporte público para 'conectar' con Logroño. «No te negaré que hay quien casi tiene el piso como vivienda-dormitorio, pues sale por la mañana a trabajar y no llega hasta la tarde-noche, pero... ¿y en qué zona no pasa?», se cuestionan.

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