BUFFON, RONALDO Y LUIS ENRIC

PABLO GARCÍA-MANCHA MIRA POR DÓNDE

No sé si la patada que le pegó Cristiano al balón fue la culpable de que Logroño llenara su cielo con un arcoíris doble, o dos arcoíris en uno, que tanto monta. Han escrito los cronistas deportivos que el cielo turinés fue violado por la rocambolesca cabriola que realizó el jugador portugués y que fue, además, capaz de quedarse suspendido en el aire unos segundos invisibles para atizar al balón y dejar a Gianluigi Buffon -que tiene cara de Al Pacino-, patidifuso y alelado. Gol del Madrid y el cielo pintado de colores como una extravagancia de la historia. Serán cosas mías pero el partido se debió de jugar en Turín, una ciudad alejada más en el tiempo que en el espacio, una ciudad que no conoce a Puigdemont ni a Turull ni a ninguno de los irritantes heraldos de la violencia política del Estado español, ése mismo al que cada partido denigra Pep Guardiola con su estrambote amarillo sobre el pecho. Pep es tan rico e ilustrado como Luis Enric, el tipo que va diciendo que «los catalanes son la hostia» y que «están muy adelantados a lo que es España, en general». Dialéctica bufa. «Son educados, respetuosos, muy trabajadores, allí seguiré», remata Luis Enric, aquel de la sangre en la cara en un mundial tan lejano en mi memoria que parece de otra glaciación, como las memeces supremacistas que adornan día sí y día también los periódicos digitales independentistas sufragados por el Estado español. Y luego está 'lo' de Letizia y su madre, y sus hijas, y su padre y su marido. Cuatro reyes y un lío de familia y eso que no estaba doña Cristina ni Urdangarín, el 'talonmanista' que ha dado un zapatazo a la corona más preciso que el balón aquel que vio Buffon colarse por la esquina de dos arcoíris.

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