AMIGOS Y... DESCONOCIDOS (Y 2)

Lo decíamos hace catorce días y nada ha cambiado. El verano, dos semanas después, sigue siendo tiempo de reencuentros y recuerdos. La historia de dos amigos, conocidos y casi familia sigue de actualidad por muchos años que pasen. Logroño les condena al olvido y toda denuncia es poca. Ayer era el cantero Alejandro Ganzábal (Yurreta, Vizcaya, 1840-Logroño, 1906), y hoy es el doctor Ildefonso Zubía (Logroño, 24 de enero de 1819-Logroño, 3 de junio de 1891). Murió hace 126 años, a finales del siglo XIX, y desde entonces sigue muriendo lentamente junto a otros hombres ilustres e ilustrados que dieron con sus huesos metros más arriba, metros más abajo, en lo que hoy es el cementerio municipal de Logroño. El panteón del doctor Zubía, donde descansan los restos del insigne farmacéutico y botánico, agoniza y amenaza ruina junto a la calle San José, la que en su día vertebrase el primigenio cementerio de Santa María de Palacio y donde otros 'prohombres' en lugar de en polvo se han convertido en escombros. Obra de su amigo Alejandro Ganzábal, quien se construyó un panteón 'gemelo' al del doctor y que no presenta mejor estado de conservación, el sepulcro se encuentra en unas condiciones deplorables por fuera... y por dentro. Nada sabemos casi dos años después de aquel anuncio del Ayuntamiento donde, justo en el momento de la denuncia, se planteó trasladar los restos del doctor y restaurar el panteón como hiciese años atrás con la tumba de Fernando Gallego 'El Ruso'. Y en tan larga espera estamos de la misma manera que aguardamos la reforma del instituto Sagasta, al que estuvo tan ligado, y de la glorieta a la que da nombre -busto incluido- y donde se ubica el histórico centro de Educación Secundaria.

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