ALSASUA Y EL ODIO A ESPAÑA

PABLO GARCÍA-MANCHA MIRA POR DÓNDE

Alsasua se ha convertido en una especie de paradigma. El nacionalismo vasco, al que de forma absolutamente incomprensible se adhiere incondicionalmente la izquierda más allá del PSOE, ha emprendido una especie de cruzada (válgame la licencia) para tratar de convencer a los jueces y la ciudadanía de que la horda salvaje que la emprendió a hostias sin miramiento alguno con dos guardias civiles y sus novias en un bar de Alsasua lo hizo por una cuestión baladí y que nada tiene que ver con un acto terrorista. No lo sé, será el juez el que dictamine y califique el hecho, por mucho que Uxue Barkos, sus socios parlamentarios y Joseba Asirón intenten tapar el sol con el dedo meñique. Alsasua, y yo he estado mil veces, es una ciudad tomada por el nacionalismo más radical y oficial; nadie se mueve en el pueblo sin que la 'Stasi' lo sepa y decida, y hasta la Policía Foral prefiere no adentrarse mucho en los territorios (bares y asociaciones) bildutarras. Alsasua es el miedo. Es el odio a España, a la que se identifica con la represión y con las porras de la Guardia Civil. El Estado por allí no sale ni de paseo. España es el cáncer les dicen a los niños en la escuela y los jóvenes en los bares crecen convencidos de que la Constitución es una cárcel. No sé si es terrorismo apalear salvajemente hasta el estrépito a dos policías y a sus novias, pero parece que no hayamos aprendido nada y que parte de nuestros gobernantes estén más preocupados por los verdugos que por sus víctimas. Nada nuevo, al igual que tratar de descontextualizar el hecho de la paliza como si se hubiere producido en cualquier pueblo del mundo. No, es Alsasua, allí donde ser diferente es ser odiado; allí donde la libertad apesta, un lugar donde odiar es moneda cotidiana y nadie se atreve a decir ni pío.

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