La Rioja

Por los comerciantes, los niños enfermos y los residentes fuera

  • Cuca Gamarra cita a Telmo, Fran, Kike, Jorge y Meritxell como «pequeños héroes de la ciudad»

LOGROÑO. Los comerciantes, los niños enfermos y los residentes fuera son tres tipos distintos de logroñeses a los que la alcaldesa, Cuca Gamarra, dedicó ayer los banderazos de San Bernabé. Tres clases de logroñeses, cada uno con sus cuitas pero unidos por el recuerdo de la regidora municipal y todos los cientos de vecinos que secundaron las dedicatorias con aplausos.

El momento más multitudinario, con miles de logroñeses asistiendo al paso de la procesión, fue el del primer banderazo, el del arco de San Bernabé. Después de la misa en la concatedral de La Redonda la comitiva recorrió el tramo de la calle Portales hasta la plaza Amós Salvador, a la sazón: niños de San Bernabé, gigantes y cabezudos, las cofradías de San Bernabé, la Virgen de la Esperanza y San Gregorio, las imágenes de los patronos de la ciudad, la Corporación Municipal, las autoridades de la Comunidad Autónoma, los responsables de las fuerzas del orden público y la Banda Municipal de Música, como broche de la caravana.

«El 11 de junio de 1521 celebrábamos que habíamos vencido a los franceses: Logroño era una ciudad libre», recordó Cuca Gamarra al iniciar el primero de sus breves discursos en cada uno de los tres banderazos. La alcaldesa ofreció la primera dedicatoria al «comercio tradicional, pequeño y que da vida a la ciudad». No obstante, el día anterior había entregado la insignia de San Bernabé a las hermanas Dulín Domaica, responsables de la emblemática sombrerería Dulín y en este 2017 se cumplen, además, veinte años de la declaración de Logroño como «ciudad comercial»: «A todos y cada uno de los comerciantes que desde 1521 llevan ofreciendo sus servicios a la ciudad de Logroño, atendiendo a los logroñeses y visitantes con profesionalidad, cariño e innovando».

El segundo banderazo fue en un espacio más angosto, Cuatro Cantones, la esquina de las calles Mercaderes y Marqués de San Nicolás, hasta donde llegó la procesión por Rodríguez Paterna y avenida de Viana. Allí, con el desagradable olor de unos contenedores de basura, la alcaldesa ofreció el segundo banderazo, este dedicado a los niños logroñeses que sufren enfermedades raras, nombrando expresamente a Telmo, Fran, Kike, Jorge y la fallecida Meritxell y describiéndolos como «pequeños héroes que creen en el poder de la esperanza»: «Por todos ellos, para que la investigación les dé esa esperanza por la que luchan todos los días. Son un ejemplo para todos y cada uno de los logroñeses».

Continuó el recorrido, que duró una hora y media bajo un sol abrasador, apenas atenuado por la sombra de las calles peatonales del casco antiguo, hasta la plaza del Parlamento, donde el Grupo de Danzas de Logroño realizó unos bailes y el obispo bendijo el pez, el pan y el vino de la tradicional ofrenda.

Acto seguido, en la puerta del Revellín, casi con más autoridades que público, porque apenas se podía ver nada fuera del perímetro de seguridad, la alcaldesa dedicó el tercer y último banderazo a los que residen fuera: «Logroñeses somos los 150.000 que vivimos en la ciudad pero lo son también todos aquellos que por razones familiares o profesionales han tenido que vivir en otras ciudades del mundo. Hoy muchos de ellos vuelven y otros lo sienten y celebran a través de los medios de comunicación y de sus familiares. ¡Viva San Bernabé! ¡Y viva Logroño! ».

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