La Rioja

Adiós a El Viajero

Nuno Miguel Alves posa junto a El Viajero Café de Logroño. :: MIGUEL Herreros
Nuno Miguel Alves posa junto a El Viajero Café de Logroño. :: MIGUEL Herreros
  • La pionera cafetería de Logroño cierra este domingo por no poder ofrecer espectáculos

En 1981 abrió como Tagore, el primer bar de ambiente gay de Logroño. Después se llamó Farándula, París y El Globo, y se convirtió en un referente de la actividad cultural de la ciudad. El 17 de septiembre del año 2000 reabrió como El Viajero Café, regentado Rafa Bezares, quien traspasó el negocio a Nuno Miguel Alves en julio del 2003. Y este domingo cierra con unos monólogos científicos como acto final de Frikoño y una fiesta de cierre a las 22 horas.

El motivo es la imposibilidad, por normativa municipal, de poder seguir ofreciendo espectáculos, como el teatro y los conciertos que habitualmente programaba. No obstante, además de sesiones de DJs y exposiciones, El Viajero organizaba anualmente un festival de jazz y una muestra de artes escénicas. Pero ya no habrá más. Al parecer, una denuncia anónima ha empujado al Ayuntamiento de Logroño a cumplir con la normativa municipal y obligar al responsable de El Viajero Café a dejar de organizar este tipo de eventos o acondicionar el establecimiento para tal fin, de modo que pueda obtener la licencia oportuna.

Lo mismo ha sucedido con otros bares de la ciudad, que han dejado de programar actividades culturales ante la presión y el temor de las multas. «Acondicionar el bar supone tirarlo entero y no puedo reinvertir el dinero», considera Nuno Miguel Alves, portugués de nacimiento, de padres originarios de Cabo Verde y residente en España desde los 3 años. A sus 36 años, recuerda cómo empezó a acudir a El Viajero como cliente «porque vivía en el portal del al lado», después empezó a trabajar de camarero y, finalmente, adquirió el negocio, aunque el local es alquilado.

Nuno tenía pensado haber cerrado en enero, pero el compromiso adquirido con Frikoño le hizo esperar. Intentó reflotar la nave solicitando permiso para colocar una terraza, pero tres meses y medio después, asegura, no ha obtenido respuesta. Así, cree inviable un negocio como el suyo. «Bares en Logroño hay muchos, así que te mueves por algo que los diferencie. Algunos dicen que El Viajero está a desmano, pero estamos al lado del centro, junto a la Fuente de Murrieta», explica. Y critica que la normativa sea tan repentinamente dura: «Llevan años sin aplicarla y ahora, por una denuncia, no podemos hacer ni un concierto de flauta».

Le apena cerrar, pero no sólo por sí mismo, también por la clientela: «Aquí he visto llorar a gente esta semana al enterarse que cerraba. Y he visto a mis clientes casarse y tener hijos. A todos les agradezco que me dejaran regentar el bar como si fuera mi casa y que valorasen mis cócteles, batidos y la música. Todo seguirá ahora en mi casa. El Viajero está ahora en mi casa».

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