La Rioja

Las huertas de Cascajos

Se mantienen en el recuerdo, sobre todo en el de los afectados, las ubérrimas huertas que formaban una gran extensión al sur de la ciudad, aunque tan solo a unos 500 metros del Espolón. Pese a ello a los políticos de entonces se les ocurrió la genialidad de transformar aquel vergel en un polígono industrial. Se procedió a una forzosa expropiación con una valoración de los terrenos inferior a la que se había aplicado unos años antes cuando se procedió a incautar los terrenos que habían de utilizarse para la creación de las nueva estación ferroviaria de la que ahora presumimos. No se tuvo en cuenta que pudieron haberse instalado industrias perjudiciales para el cercano entorno de la ciudad.

Los hortelanos tardaron en aceptar la forzosa medida, considerando que había familias influyentes afectadas -doctor Montoya, Álvaro de la Puerta, entre ellos- que podían impedir la tropelía. Se consumó, no obstante, y hasta ocurrió que un propietario que se resistió y ante lo inútil de sus esfuerzos por evitar el desalojo, se quitó la vida en el interior de la chabola que tenía en su huerta.

Todo en vano, empezaron a crearse industrias, algunas tan importantes como la conocida como Estambrera, creada en 1949 por familias riojanas vinculadas al sector del hilado de la lana, que alcanzó gran fama como Pingouin Esmeralda. Allí encontraron puesto de trabajo preferente quienes aceptaron abandonar sus huertas. Otra llamativa instalación fue Savin, una gran bodega capitaneada por riojanos. Después se fueron incorporando empresas como Conservas Ulecia, la Metalgráfica, Ramondin, Serrería Rover, Pascafé, Conservas Benito, Talleres Díez, Maderas Ocón, Lanas Roldán, Maher y un largo etcétera. Lo llamativo llegó después cuando el considerado polígono industrial se transformó en urbano, alcanzando el suelo una plusvalía tal que motivó que la mayor parte de las industrias las dejaran en manos del sector inmobilario. ¿Y los propietarios de aquellas huertas, que tal?