La Rioja

OJOS QUE NO VEN...

Son parte del Logroño de cada vendimia y, como tal y durante unos meses, unos logroñeses más. De paso, pero logroñeses al fin y al cabo. Los primeros llegan en agosto, su presencia se empieza a notar en septiembre, la mayoría se concentra en octubre y los últimos se marchan en noviembre. Cuatro meses en los que la estación de autobuses se convierte en su 'campamento base' y que este año, especialmente este año, ha sido motivo de quejas. La comprensión inicial en su recibimiento se ha ido tornando en protesta y críticas en su despedida. De repente, molestaban sus colchones, sus cartones, sus maletas, sus mantas raídas... su sola presencia. Y, de la noche a la mañana, un gran contenedor para guardarlo todo. Como si quitando de la vista colchones, cartones, maletas y mantas ellos pasasen a ser invisibles en pro de la tranquilidad del vecindario. Ya se sabe, ojos que no ven... Sin embargo, nada para solucionar de una vez por todas ese «drama a pequeña escala» -como lo definió acertadamente un concejal en el 2005-. Más de una década después el drama se extiende de Vara de Rey a Belchite y de avenida de España a Pío XII, y se repite en plazas como la de la estación, la de la Alhóndiga o, paradojas, la de los Derechos Humanos. Desde la Plataforma Bienvenidos Refugiados, de hecho, ya se ha cuestionado «el trato que la ciudad les está dando a unos trabajadores a los que debería tratarse con dignidad y con derechos humanos, no con caridad». Y la solución, lejos de ocultarles o trasladarles fuera del centro, pasa por la implicación de todos: no sólo el Ayuntamiento de Logroño -que dice hacer lo que puede y llegar hasta donde llega-, sino también agricultores y bodegueros... no sólo el Gobierno de La Rioja, sino también el Consejo Regulador. Dime de qué (vino) presumes, y te diré de qué careces.