La Rioja

«¿Adónde vamos ahora con nuestros hijos?»

Los dos bloques, en Duquesa de la Victoria y Padre Claret, a la espera de proyecto para un nuevo residencial.
Los dos bloques, en Duquesa de la Victoria y Padre Claret, a la espera de proyecto para un nuevo residencial. / MIGUEL HERREROS
  • 30 familias se ven obligadas a desalojar sus pisos ante el cambio de propiedad del inmueble

  • Inquilinos de Duquesa de la Victoria 74 y 76 y de Padre Claret 6 y 8, con rentas baratas, solicitan soluciones ante la falta de alternativas para mudarse

Una operación de compraventa, un cambio de propiedad, una comunicación que más que aclarar disparó la incertidumbre y, de la noche a la mañana, una situación que, sin comerlo ni beberlo, mantiene en vilo a los arrendatarios desde el pasado verano. Vecinos de los portales de los números 74 y 76 de Duquesa de la Victoria y de los número 6 y 8 de Padre Claret -una comunidad formada por dos bloques de cinco alturas y un patio abierto entre ambos- deberán ir desalojando y entregando sus llaves a los nuevos dueños, que tras hacerse con la totalidad del inmueble notificaban sus intenciones de no renovar ningún contrato de alquiler y de negociar con aquellos de renta antigua a fin de ir desocupando el edificio y proceder, a falta de confirmación oficial -no consta solicitud de licencia alguna-, a derribar y levantar un nuevo 'complejo' de viviendas.

Los claros planes de Residencial Duquesa S. L. -sociedad constituida para ello vinculada al grupo Redifincas- contrastan, sin embargo, con el oscuro panorama que se cierne sobre las alrededor de 30 familias que ocupan algunos de los 52 pisos -los entresuelos y los áticos llevan años deshabitados-, inmigrantes en su mayoría, sin apenas recursos en muchos casos y sin saber adónde ir.

Diario LA RIOJA se ha puesto en contacto con algunas de esas familias, que han preferido mantenerse en el anonimato, y que piden ayuda y lanzan su SOS a las administraciones. «¿Adónde vamos ahora con nuestros hijos?», se pregunta la mayoría, a quienes les están venciendo los contratos o mientras se aproxima la fecha de salida acordada con la nueva propiedad. «El problema no es que nos tengamos que ir, que ya sabemos que lo tendremos que hacer antes o después, sino adónde ir», añaden. «¿Quién va a encontrar una vivienda como ésta, con alquileres baratos, sin trabajo o sin contrato?», se cuestionan familias que subsisten «como podemos» -según su propio testimonio- y en muchos casos recurriendo a ayudas sociales e instituciones caritativas.

«¿Adónde vamos ahora con nuestros hijos?»

La preocupación no es nueva, sino que llevan con ella desde julio. Cuando las hermanas Pastor Arrieta -las antiguas propietarias- alcanzaron un acuerdo con Residencial Duquesa S. L., ésta ya les informó de que «al amparo de lo dispuesto en el artículo 14 de la Ley de Arrendamientos Urbanos» procederían a dar por resuelto los contratos de alquiler. Desde entonces empezaron las negociaciones individuales -algunos hablan de reiteradas llamadas a la puerta y cierta intimidación-, donde en algunos casos los inquilinos llegaron a firmar una fecha de salida -en un plazo de cuatro meses- a la que se comprometían a cambio de no abonar la renta desde entonces y a fin de facilitar la toma de posesión expirado el plazo.

Sea como fuere, los plazos van llegando y pocos han conseguido mudarse pues no encuentran alternativas. «Yo firmé, como casi todos, tengo que salir el 30 de noviembre, pero... ¡no tengo adónde! Tengo mujer y dos hijas, no tengo trabajo, pido ayuda y alimentos para salir adelante. Pago 250 euros y no encuentro nada similar. Me iría gustoso, pero no puedo y encima me amenazan con los tribunales», explica un marroquí en plena reunión improvisada en uno de los cuatro portales.

Eduardo Romeo, en nombre y representación de Residencial Duquesa S. L., aclaraba a requerimiento de este periódico que los contratos, según vayan venciendo o según se vayan alcanzando los acuerdos para su resolución, se rescindirán. «La idea es no renovar a nadie, pero sin prisas, y de hecho no se ha ido nadie y ya hay contratos vencidos», explica quien asegura que aún no hay ni plazos ni tan siquiera proyecto definitivo para el inmueble.

Romeo habla de en torno a 46 pisos, no todos ocupados, y con diferentes casuísticas, incluida la renta antigua -aunque la mayoría son de entre 200 y 300 euros-. Desde la comunidad dicen que de renta antigua vendrían a quedar media docena de viviendas, ocupadas por vecinos de toda la vida, que ahora, y a falta de sentarse a la mesa, tampoco tienen claro su futuro. «Llegamos de recién casados y no hemos parado de invertir y reformar el que ha sido como nuestro piso en una comunidad en la que nunca se han ocupado de nada...», explica emocionado un matrimonio español con más de 80 años y 54 como residentes.

De su testimonio se desprende la ausencia de comunidad y la falta de mantenimiento desde hace años -actualmente no hay expediente alguno, pero entre el 2014 y el 2015 se requirió por parte del Ayuntamiento a la antigua propiedad para sanear las fachadas ante el riesgo de desprendimientos-. De hecho, una de las cláusulas introducidas por la sociedad inmobiliaria en sus 'acuerdos amistosos' es la renuncia, por parte del arrendatario, «a realizar cualquier reclamación por el estado de la vivienda y de los elementos comunes del edificio, incluso si algún servicio dejara de funcionar». Y ya los hay, como el ascensor del número 6.

Otras, como Sabina, tienen más suerte. «Afortunadamente trabajamos yo y mi marido y aunque me quedaba un año de contrato he encontrado otro piso... apoyo, eso sí, a los que no pueden irse», cuenta. Los afectados aseguran que han acudido al Ayuntamiento y, de momento, no han obtenido respuesta alguna. Incluso han tratado de ponerse en contacto, sin éxito, con Alcaldía.