La Rioja

AL PASO DEL REBELDE

Una decisión tomada en 1928 me llevó hasta allí. Coincidió con la mayoría de edad de mi abuelo Miguel Martínez-Zaporta que, en un acto que en la familia se interpretó de auténtica rebeldía, se hizo socio del Círculo Logroñés. Su padre Felipe, director de este periódico, formó parte de la directiva del Casino por lo que este hecho le costó a mi abuelo el consiguiente enfado por su parte. Él quería estar con sus amigos: Pedro Villota, Alejandro Maguregui, Antonio Garrigosa. con los que en los 50 debatiría en la directiva de esta sociedad. Luis Miguel, mi padre, heredó después su titularidad, pero antes él disfrutó de los bailes de La Vendimia y de las puestas de largo como la de mi tía Esperanza. Las imágenes de mis abuelos bailando lento me muestran aquellas citas de trajes increíbles en el salón impoluto del que mi primer recuerdo es la comunión de mi amiga Ana Ochoa. Saltamos mil veces desde el escenario, supongo que el mismo que había visto en una fotografía de un desfile de mi tía Quechi Aréchaga el día en el que un «joven con poca voz y que apenas bailaba» cantó en Logroño. Era el mismísimo Julio Iglesias. Regresé a la gran sala -con vestido largo y zapatos de tacón- en mi primer cotillón con mis amigas, mi primer novio, mi hermana Ana. A él acudieron parte de los hermanos Lor -con su sonriente hermana Piti-, de los Ariznavarreta, de los Munilla y los Cortezón al completo. Pero el Círculo no sólo ha sido un lugar para la diversión, elegí rodearme de la tranquilidad de su biblioteca y sus tesoros para estudiar la selectividad. Ahora sujeto de la mano a mis sobrinas Lola y Vera cuando entramos en el edificio. Pienso lo que queda por vivir entre estas paredes, los recuerdos que albergan de tantos logroñeses. No hay papel para contarlos todos.