La Rioja

Dos vueltas y media

Álex Rodríguez elaboró ayer tabacos en un estanco de Logroño. :: D. uriel
Álex Rodríguez elaboró ayer tabacos en un estanco de Logroño. :: D. uriel
  • El maestro tabaquero Álex Rodríguez muestra en Logroño cómo se elaboran los auténticos habanos

Ustel' debería estar 'muelto'». Y mi amigo retrocedió como sacudido por un golpe de agua hirviendo. Ahora, este fulano amigo mío ya sabe que no es nada recomendable hacer esta pregunta a una cubana que anda liando tabacos desde antes de la Revolución. «Perdona, una duda, ¿los puros se lían con hoja de banano, verdad?». Propio de mi amigo, tan educado como inoportuno e inocente. La abuela liadora levantó su mirada, le clavó los ojos en su pecho y le espetó un sincero y brutal: «'Ustel' debería estar 'muelto'». Y muerto se quedó durante un instante. Su visita a la fábrica de puros en Pinar del Río (Cuba) finalizó ahí ante el jolgorio del resto de la cuadrilla.

Constató este fulano que en la vida no se sabe de todo, y que aunque es bueno preguntar, conviene pensárselo dos veces para no acabar cometiendo un error de bulto llevado por los bulos que afirman, por ejemplo, que el vino lleva colorante o que los puros se enrollan con hoja de banano. «Los puros surgen de la combinación de hojas de tabaco que les confieren diferentes sabores y aromas dependiendo del porcentaje de mezcla que lleven, y cada marca tiene su propia mezcla», explica Álex Rodríguez, maestro tabaquero en la fábrica de tabacos más grande del mundo situada en la República Dominicana. Por lo visto ayer durante su visita a Logroño -dentro de amplia gira que le lleva por todo el norte de España- para mostrar cómo se hacen los mejores puros, Álex Rodríguez también hubiera mandado a mi amigo a hacer gárgaras de haber oído semejante pregunta relativa a las hojas de banano.

El arte de tabaquero es una labor artesanal que requiere de muchos años de práctica para alcanzar el nivel de, por ejemplo, Álex Rodríguez. «Llevo 12 años dedicándome a esto, y ahora ya puedo hacer todo el proceso que lleva un tabaco, pero lo normal es hacer solo una parte durante muchos años hasta perfeccionarla».

Una hoja de esta clase, otra de esta otra, y una más para completar el centro del puro. Se doblan por la mitad, se aprietan y se enrollan con un par de hojas más. El cigarro está a medio camino de poder ser fumado. De ahí pasa a la prensa, donde coge la forma deseada además de perder la humedad, que es el gran enemigo de los puros. Y de la prensa al paso final: sobre otra variedad de hoja de tabaco se sitúa el rulo obtenido de la prensa. Y el maestro tabaquero se marca con especial habilidad las dos vueltas y media que acaban de dar forma al puro, tras 'coser' un cierre de tabaco a modo de firma. Listo para fumar.