La Rioja

VELAS A SANTA RITA

El Ayuntamiento se parece en septiembre a un colegio. A uno logroñés, claro. Tras el apagón veraniego le cuesta desperezarse, mientras el mes se va en un tráfico de vendimiadores y fuegos artificiales. Ya que estamos, eso del inicio del curso mejor lo dejamos para octubre.

Pues bien, tal día como ayer comenzó el curso municipal. La alcaldesa llamó a la prensa para anunciar «asuntos de actualidad», eufemismo con el que básicamente los políticos dicen «venid, que hay algo gordo».

Gordo es, sí, lo del suelo industrial. No tanto esa oferta en concreto, porque el Ayuntamiento lleva tiempo con la alfombra roja extendida en la entrada del vacío polígono de Las Cañas, esperando a quien quiera pasearla. Lo significativo es el paquete, el brillo y la llamada. Y el reconocimiento de que la capital riojana tiene un problema con su tejido industrial.

Es un problema doble. Por un lado, un quebranto urbanístico: vino la crisis y dejó la ciudad a medio hacer. En Cascajos y en avenida de Burgos sobreviven industrias que ya no deberían estar ahí, pero que a ver quién las mueve con la que sigue cayendo.

Y por otro lado, el de la pela. Logroño tiene un grave problema que podríamos llamar geográfico-foral. Porque del polo industrial de la capital de La Rioja se aprovechan sin decoro las administraciones alavesa y navarra, más ricas y con mayor capacidad normativa. Todo eso ayudado (y eso sí que duele) por una agilidad administrativa de la que La Rioja ha carecido en demasiadas ocasiones.

Al Consistorio le toca, en fin, apretar sus tuercas internas, bajar impuestos, prometer ayudas de la ADER y flexibilizar pagos y plazos. Como si hay que ponerle una vela a Santa Rita, patrona de los imposibles: para que nos traiga fábricas... y para que de una vez alguien se cargue esa injusticia absoluta que se llama modelo foral. Mejor que sean dos velas.