La Rioja

El último de Filipinas

Diego Téllez Alarcia posa en Filipinas, donde investiga actualmente. :: D.T.A.
Diego Téllez Alarcia posa en Filipinas, donde investiga actualmente. :: D.T.A.
  • Diego Téllez Alarcia Logroñés en Manila

Viajar no es un problema para Diego Téllez, al contrario. Este mismo año participó en un congreso en Nueva Zelanda y hace tiempo formó parte de una expedición a la Antártida que partió de Uruguay. Ahora este doctor en Historia y profesor de la Universidad de La Rioja reside temporalmente en Manila, acogido por la Real y Pontificia Universidad de Santo Tomás, la más antigua de Asia, para investigar fondos documentales para diferentes trabajos. «Filipinas formó parte del conglomerado imperial español durante más de tres siglos (su nombre deriva del rey Felipe II). En los últimos años, en mi faceta de 'dieciochista', he topado con varios temas que poseían ramificaciones en las islas», explica el logroñés Diego Téllez. Uno de esos temas es la fragata Santo Domingo de la Calzada de la Real Compañía de Filipinas. «Estoy intentando reconstruir todos los detalles de sus singladuras: pasajeros, cargas, vicisitudes de los viajes...», cuenta Téllez.

Su estancia se alargará hasta el 30 de noviembre y la vida allí, como en toda Asia, considera que «es un desafío para un occidental». «Dentro del continente, Filipinas tiene algo que lo hace todavía más 'alienígena'. Es el único, por ejemplo, que profesa la religión católica. Y lo hace con fervor. A eso añadamos un clima tropical exagerado en época de monzón, en la que he llegado, con posibilidad de tifones», describe. Y, por si fuera poco, «los inconvenientes de la clásica metrópoli asiática: tráfico infernal, contaminación, contrastes brutales entre los barrios ricos y los suburbios miserables.» No obstante, confiesa que la adaptación no ha resultado demasiado compleja en gran parte por la experiencia viajera y también por «el talante gentil del filipino».

De aquel país le llama la atención el fervor por los abanicos para aliviar el calor, la pasión por el karaoke -«no se te ocurra reírte de un filipino mientras canta o estarás en serios apuros», advierte- y el pintoresco servicio de transporte: «La falta de iniciativa pública en el sector se ve paliada por todo tipo de transportes privados: los coloridos 'jeepnys', los ruidosos triciclos motorizados o las sufridas 'bicitaxis'. «Por suerte, Filipinas es mucho más que su monstruosa capital», admite Téllez, confesando que le gusta «huir del estrés de Manila» en busca de «placeres soberbios e irrepetibles» como trepar volcanes o bucear en pecios de la Segunda Guerra Mundial.

Lejos de ensalzar a los recientemente recordados 'últimos de Filipinas', Téllez desvela que allí «se sublima lo contrario, a aquellos que llevaron al país a independizarse del yugo español». A pesar de que su estancia allí tiene próximo su fin, reconoce echar de menos La Rioja, admitiendo recurrir a los tópicos: «Las cosas del comer se añoran mucho, además de la familia, los amigos, la pareja. Y mis montañas».