La Rioja

A los ricos pimientos

Productores y compradores, ayer, junto a la pérgola de la plaza Joaquín Elizalde.
Productores y compradores, ayer, junto a la pérgola de la plaza Joaquín Elizalde. / MIGUEL HERREROS
  • Vuelve, martes y viernes, el mercado de la plaza Joaquín Elizalde

Mientras esperan a ser atendidas, algunas clientas cambian los secretos de su conserva. Que si los pimientos bien extendidos y congelados, que si salen muy bien... Ayer volvió a ser mañana de mercado en la plaza Joaquín Elizalde de la capital. Los hortelanos, riojanos y navarros (de Mendavia hay unos cuantos, contaba alguno), llevan instalándose bajo la pérgola de la plaza varios martes y viernes desde el día 2. Y, aunque ahora van a dejar de hacerlo por la semana matea, volverán después con renovada fuerza hasta el 29 de noviembre.

Estuvo tranquila la jornada de ayer. En las dos partes, en la de las ventas y en la de las compras. Lo mismo que sucedió con las anteriores, decían algunos agricultores, algo quejosos por la escasa difusión de la iniciativa. También por otras cosas, como por el hecho de que les apaguen la iluminación a las siete de la mañana, que «llegan a comprar los clientes (porque en este mercado se madruga), y no se ven ni los pimientos».

Los hortelanos, este año, al menos de momento, no han copado todas las plazas disponibles y se ven huecos bajo el tejadillo de la plaza Joaquín Elizalde. Los clientes, quizá por las próximas fechas festivas, tampoco se agolpan en los puestos. Así, unos tuvieron tiempo de almorzar incluso de cazuela y otros apenas tenían que esperar y llenaban sus bolsas enseguida.

Pero no todo el que acude a la plaza lo hace para llevarse algunos productos a casa. Hay visitantes que van a mirar, a pasear, a disfrutar del ambiente, apuntaban desde el otro lado de una báscula junto a la que lucían tomates de pera lustrosos cogidos del día anterior. Y no, jóvenes no son. La media de edad de los asistentes es alta. El otro día apareció en su puesto una chica de veintitantos y hasta se asombró, reseña el vendedor. Lo cual no quiere decir que no haya juveniles que acaben pelando pimientos al ritmo que marquen sus mayores.

La conserva del tomate ya se va haciendo. Y los vecinos se lo van llevando poco a poco. Los precios son parecidos a los de otras veces y bajando. Mejor sacarlos en el mercado que acabar llevándolos a una fábrica.

La del pimiento alcanzará su 'temporada alta' un poco más adelante, en unos cuantos días. Pero también hay guindillas y ajos en la plaza. No se pueden vender otras cosas. La autorización municipal que permite el evento así lo apunta. Después de esta interrupción matea, habrá otra en torno al día de los Santos, el 1 de noviembre. Por lo demás, el plazo para adquirir del productor los elementos para una buena conserva casera acabará con noviembre.