La Rioja

El CCR que iba a ser y (de momento) no es

El CCR que iba a ser y (de momento) no es
  • El Ayuntamiento recibió en el 2011 el proyecto museográfico, que sigue olvidado cinco años después

  • Tanto el concurso de ideas como el contrato para la gestión del centro de la pasada legislatura desvirtuaron el fin para el que fue previsto

No sólo se ejecutó el continente, sino que también se proyectó su contenido... El Centro de la Cultura del Rioja, el singular espacio dedicado al vino, a todo lo que le rodea y a su significado en toda una región que da nombre a toda una Denominación, llamado a situar a Logroño en los destinos 'top' dentro del creciente enoturismo, tenía una hoja de ruta perfectamente establecida que nunca se siguió. Se concibió así y no de otra manera para contar algo concreto y de una forma determinada. Dicho de otro modo, todo tuvo su porqué.

El Ayuntamiento de Logroño, prácticamente coincidiendo con el final de las obras, recibía el denominado proyecto básico museográfico para el programa expositivo del CCR -posterior al museológico, que también hubo-, un documento en el que se daba una «visión completa y detallada de los medios, recursos, mobiliario, etc. que la posterior producción ha de llevar a cabo mediante la materialización, señalización y puesta en uso de todo el montaje expositivo listo para su inauguración y recepción de visitantes».

El mismo, fue adjudicado en diciembre del 2010 al propio arquitecto del proyecto de obra, Jesús Marino Pascual, autor de otros tan singulares y vinculados al mundo de la cultura y el vino como el Museo Vivanco o las Bodegas Darien, Antion o Irius. Presupuestado en 69.620 euros, fue recibido en septiembre del 2011, es decir, se empezó con PSOE y PR en el Gobierno municipal y se terminó ya con el PP al frente.

Hoy, cinco años después, cerrado tras su fallida apertura y con la oposición responsabilizando al actual equipo de Gobierno del desastre, la Administración sigue repensando un futuro que, paradójicamente, se tenía claro hace más de un lustro. Un porvenir que pasaba por la inversión de 1,8 millones -con la posibilidad de acometerse en fases- y que, con crisis y con cambio de Gobierno de por medio, se guardó en el cajón.

Mayo del 2012. El Ayuntamiento, que recibía la obra definitiva a finales del mes de marzo tras la ejecución de dos modificados que encarecieron la misma de los 9,9 a los 12 millones de euros, comparecía en la figura de su alcaldesa, Cuca Gamarra, para anunciar que el CCR acogería actividades periódicas -de la Capitalidad Gastronómica, por ejemplo- mientras se ultimaba la revisión del proyecto museográfico para adaptarlo a unos «condicionantes» marcados por la coyuntura económica de entonces. Una declaración de intenciones que, visto lo visto, tuvo mucho de declaración y poco de intenciones pues, desde ese momento, nunca más se supo nada del citado proyecto.

Pasados los meses, incluso los años, el CCR jamás se ajustó a la idea inicial y un concurso de 'ideas' -que proponía una inversión de 1,6 millones- y la posterior contratación de la gestión vinieron a sustituirla y terminaron por desvirtuarla. Nadie pareció caer en la cuenta de que ya existía un voluminoso plan de contenidos hecho y pagado listo para licitarse dos años antes de la convocatoria del concurso que lo alteraba todo -con 20.000 euros para el ganador y un máximo de cuatro accésit de 5.000 euros cada uno- y que supuestamente iba a garantizar la viabilidad del centro. Diario LA RIOJA ha accedido a la memoria de un proyecto museográfico nunca presentado, facilitado por el PSOE, y que se encuentra durmiendo el sueño de los justos en algún despacho.

El CCR tal y como fue presentado por Jesús Marino Pascual -y como parte de todo un plan de dinamización enoturística- se organizaba según lo contemplado en el proyecto museográfico atendiendo a la propuesta del arquitectónico y al discurso reflejado en el museológico. Como no podía ser de otra manera, vinobar, enotienda y aulas y salas de cata aparte, su parte central era un discurso expositivo-divulgativo en el que mediante la exhibición documental, gráfica y audiovisual y de recursos variados se presentaba «cómo el cultivo de la vid y la elaboración del vino ha impregnado La Rioja de una vasta cultura con manifestaciones muy diversas y variadas».

Y todo ello con un recorrido claro y preestablecido de antemano. Siete áreas temáticas, cada una de ellas subdividida en diversos espacios: Bienvenida-presentación, el paisaje, el compás del tiempo, el Rioja, materiales y sensaciones, espacios para el Rioja e historias del tiempo se van desgranando. Asimismo, se detallaban los elementos que se necesitaban para ser sacados a concurso: soportes expositivos, instalaciones audiovisuales, impresión de documentación, producción multimedia, elaboración de documentación base, objetos y mobiliario, iluminación complementaria y específica, señalización... El mismo incluía anexos tales como instalaciones audiovisuales, detallando las dimensiones de cada pantalla; iluminación, con hasta la potencia de cada lámpara, e incluso uno relativo a un concurso de escultura.

El propio Marino Pascual, sin ánimo de polemizar -de hecho, accedió a responder a Diario LA RIOJA tras varias peticiones vencidas las reticencias iniciales-, entiende que a La Rioja en general y a Logroño en particular se les hace un «flaco favor» con que el edificio «no esté habilitado para el fin que estaba previsto». «Desde una visión cultural, turística y económica es fundamental que llegue a dotársele de contenido, si no el mismo, sí en la línea del que estaba pensado. Hay que aprovechar el momento y, de una u otra manera, trasladar la gran riqueza que el mundo del vino ha dejado impresa en La Rioja desde todos los ámbitos».