La Rioja

Anuncio de su inauguración en Diario LA RIOJA.
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El Beti Jai, de frontón a cárcel

Reivindicaciones políticas, a tenor de la Ley de Memoria Histórica, han movido a perpetuar el Beti Jai, dándole su nombre a la calle que quedó formada por las traseras de lo que fue gran frontón de pelota. Un recinto que luego fue fraccionado para crear una sala de cinematógrafo y que, tras su demolición, acabó como espacio urbano para dar cabida a varios edificios, con viviendas muy apetentes dado su céntrico emplazamiento. Pero con este nombre, sacado por cierto del vocabulario vasco, se pretende recordar sobre todo una triste página de nuestra Historia, bien lejos de las hazañas deportivas y de la gran actividad que pretendieron darle sus creadores, un grupo compuesto por inversores logroñeses que, como detalla 'Bermemar' en un exhaustivo trabajo, reunieron 250.000 pesetas para crear la Sociedad Anónima Beti-Jai. Bien lejos estaban aquellos próceres de suponer que el edificio, creado por el arquitecto Agustín Cadalso García Jalón en 1912, iba a ser utilizado en los primeros años de la guerra española como cárcel, donde retuvieron presos por razones políticas a numerosos logroñeses. No puede extrañar que su festiva denominación quedara indeleble en aquellos reclusos como un oprobio, lo que sin duda habrá querido ser utilizado ahora como una reivindicación.

Antes del penoso uso del recinto, fueron famosos sus partidos de remonte, modalidad para la que se había proyectado, dotándolo de una cancha con 54 metros. Tras acortarlo para darle espacio al cine Diana, la actividad en la cancha del Beti Jai albergó a un importante cuadro de raquestistas, la mayoría procedentes del País Vasco, algunas de las cuales se avecindaron en Logroño. El recinto cobró gran esplendor especialmente con las programaciones habituales de las máximas figuras de la mano. que cubrían especialmente varias jornadas en las fiestas de San Mateo, germen de la continuidad que se dio a partir de 1964, cuando se inauguró el actual Adarraga tras la desaparición del Beti Jai. Su cancha quedó entonces para ir a ligar en los bailes que se daban los jueves o para ver festivales aficionados de pelota, los domingos por la mañana, o para acoger los desafíos que ocupaban la cancha los días de labor entre aficionados que ponian en juego «las cuerdas» (el importe que se pagaba por ocupar el frontón). Como dato curioso, cuando se demolió el recinto, se descubrió, no sin sorpresa, que su frontis, cuya calidad era atribuida a sus magníficas losas, era de cemento puro y liso. Primero se convirtió en garaje y luego en viviendas cuyas traseras dan a la calle que se acaba de bautizar como Beti Jai (fiesta alegre), sustituyendo a Capitán Cortés.