La Rioja

TARDE Y MAL

San Mateo del 2015. Más de 1.000 personas esperaban un viernes a dos personajes sentados en un sillón a darlo todo bajo el nombre de Los Gandules. Esa misma noche el doble y el triple de personal esperaba a Mario Vaquerizo en la Plaza del Ayuntamiento. Ambos empezaron tarde. Pero el del Ayuntamiento fue el mayor fiasco de las fiestas (menos de una hora de concierto que dejó indiferente a todos) y el de la calle San Matías fue un exitazo de público. Uno de ellos, organizado por el Ayuntamiento; el otro, por la peña La Rioja. ¿Quién lo hizo mejor? Programar conciertos no es fácil. Pero esta ciudad lleva años dando tumbos. Programando tarde y mal.

Ayer, a menos de dos semanas de San Mateo, se presentó un cartel de conciertos justito y con la idea siempre repetida de 'para todos los gustos y un presupuesto escaso' . Y yo me pregunto: ¿Es que todos los gustos van a conseguir verse reflejados? Eso es imposible.

Logroño lleva muchos años fiando a los éxitos que lanza la televisión para 'llenar' la plaza del Ayuntamiento sin importar si lo que se trae es lo adecuado para el lugar. Morat por ejemplo, un grupo con una sola canción, toca el día previo al día grande. ¿Qué va a hacer? ¿Tocar en bucle del mismo tema que tanto ha sonado en todas las fiestas populares y programas de Tele 5?

O Fonsi Nieto. ¿Es necesario poner a un Dj el día del cohete que ponga su música machacona tan de nuestra tierra? ¿Ya hemos quemado demasiado a Carlos Jean y hay que buscar otro que quite riojanismo a ese evento donde hasta los gigantes casi ni pintan nada? Por lo menos este año no lo patrocina nadie. Vamos avanzando.

Un resquicio queda en la Plaza del Mercado. La Frontera puede ser algo diferente sacado de los saldos que seguro que ha tenido que rebuscar el programador.

Porque el problema no es la cantidad sino la calidad. Las cosas cuestan dinero y tiempo. Otras ciudades como Oviedo, que también celebran sus Sanmateos, anuncian sus conciertos con semanas de antelación. Se lo trabajan. O por lo menos eso hacen ver a su población. Y no hace falta irse a otra comunidad. Vayámonos a Calahorra o Alfaro este año. Lugares más pequeños con apuestas por un concierto que puede que no guste a éste que escribe, pero dignifica la fiesta local. Y quizá con menos presupuesto, pero con más calidad.