La Rioja

SIN PALOMITAS

Usted, que a estas alturas ha visto muchas películas, ya lo sabe: la vida es otra cosa. En la pantalla todo es cristalino; hay buenos buenísimos y malos peores que mandar a la abuela a por drogas, y al final sale «The End».

Sólo que el mundo real es otra cosa, digo, y casi siempre la vida sigue adelante a base de medias verdades. Muchos conflictos acaban sin solución, y los que sí la encuentran es a base de componendas y decisiones con las que casi nadie está de acuerdo. Y con eso hay que vivir, porque no, nadie va a encender las luces del cine para que salgamos con la caja de palomitas vacía.

Por ese camino va el asunto de las calles franquistas de Logroño. El Ayuntamiento no tenía ninguna gana de meterse en este asunto ni de cumplir esa Ley. La minoría absoluta (que tiene cosas malas pero algunas, como ésta, muy buenas) le forzó a aceptar que algo había que hacer. Así que cuando lo ha hecho ha sido como se podía esperar: de forma incompleta, dubitativa y algo amarrategui.

Pero lo ha hecho. Es comprensible que para algunos (como los que desde el público le gritaban ayer «fascista» al concejal 'popular' Sáenz Rojo) la solución muera por cortedad. Y habrá a quien le hubiera gustado no llegar ni así de lejos. Pero tal vez haya que recordar que, por primera vez desde que lo hicieran Miguel Ángel Marín y Manolo Sainz en tiempos mucho más difíciles, Logroño ha acabado con parte del callejero franquista. Alcaldes ha habido mientras tanto (y entre ellos, alguno de dos de los cuatro grupos que ayer aprobaron reprobar al Ayuntamiento por ello) pero ha tenido que ser Cuca Gamarra quien lo ha hecho. Gamarra, que no tenía ni un añito cuando la palmó Paco.

La cosa está a medias, y seguro que a los grupos de la oposición les cuesta aún más sudores y un poco más de lo que el mismo Sáez Rojo definía como «frenesí literario de extrema izquierda». Aunque poca literatura es necesaria para defender que Logroño no puede tener una calle, un barrio (¡y un colegio!) dedicado al matarife de Badajoz, asesino confeso y nunca arrepentido de varios miles de personas.

En fin, por lo demás el curso ha vuelto al Ayuntamiento con un pleno más bien soseras, en el que algunas cosas siguen como antes: a la oposición le gusta casi tanto darle collejas al regionalista Antoñanzas como al PP, y debería ser obligatorio un discurso de Jesús Ruiz Tutor por pleno. Ayer amenazó con volver a fumar por culpa de la CHE, recitó una copla... y acabó ovacionado. Un grande.