«He vuelto al pueblo porque, pese a mis dos empleos, no llego a ser mileurista»

Ana Palacios. :: l.r./
Ana Palacios. :: l.r.

P. HIDALGO LOGROÑO.

Después de estudiar y vivir por su cuenta en San Sebastián, Andoain, Oporto y Logroño, Ana Palacios ha regresado al hogar familiar en Bañares.

A sus 31 años, esta joven riojalteña está de vuelta en su pueblo tras haber realizado el curso pasado el Máster de Packaging Integral para la Industria Alimentaria y Vitivinícola en la Escuela Superior de Diseño (ESDIR) de la capital riojana. Durante ese tiempo, compaginó sus estudios con un trabajo de camarera para «sacarme un dinero y poder pagar el proyecto final».

En la actualidad disfruta de una beca en The Circular Lab y compatibiliza este trabajo de lunes a viernes en Logroño con otro de camarera de fin de semana en uno de los bares de Bañares porque, pese a los dos empleos, «no llego a ser mileurista».

Así, lleva varios meses residiendo en Bañares y acudiendo entre semana a su puesto en la capital riojana. Aunque esto le obliga a coger cinco días el coche, optó por retornar al pueblo «por la calidad de vida y porque mi sueldo no es alto». «Si alquilo un piso no podría ahorrar y si quiero hacerlo, con vista a objetivos a más largo plazo, tengo que hacerlo así», afirma.

Reconoce que volver a compartir techo con los padres, rebasados los 30 y después de haber vivido durante largo tiempo en pisos compartidos con amigas, «resulta un poco duro». «Una había creado ciertos hábitos...», expone.

Ana considera que para favorecer la emancipación juvenil debería «facilitarse más el acceso a la información» sobre las ayudas que ya existen. «Las hay, pero los jóvenes desconocen cómo funcionan», indica. A ella le ha ocurrido en ocasiones que se podía haber beneficiado de ciertas subvenciones, pero no tenía constancia de las mismas.

Además, critica la excesiva burocracia y papeleo que requieren. «Hacen muy complejo el proceso para llegar a solicitar una ayuda o beca», lamenta.

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