«Vivir por tu cuenta te hace sentir mejor»

Andrés, María y Álvaro, preparando la cena en el piso que comparten en Logroño. :: justo rodríguez

La Rioja se suma a la celebración del Día Mundial del Síndrome de Down en torno a la asociación que reúne a 60 miembros | Arsido lanza un proyecto para fomentar la vida independiente con un piso donde sus tres primeros inquilinos comparten la tarea de ser autónomos

Teri Sáenz
TERI SÁENZLogroño

Son casi las nueve de la noche. Al otro lado de la cerradura suenan unas llaves y la puerta se abre. María y Andrés entran directamente a la cocina cargados con cuatro bolsas del supermercado a rebosar. Las colocan sobre la mesa y con la ayuda de Álvaro, que lleva ya un rato esperándoles dentro después de venir del trabajo, van descargando un cargamento de fruta, refrescos, batidos, verduras y varios botes de conserva. Los tres se mueven entre bromas por la estancia coordinados como un equipo colocando unas viandas en el frigorífico, otras en la alacena, las bebidas en el pequeño balcón que mira a la calle. Mientras sus compañeros están terminando de almacenar la compra, Andrés sale al vestíbulo y chequea la hoja colgada con una chincheta sobre la pared donde tienen apuntado el menú que corresponde a cada día. Esta noche toca puré. Uno trocea los pimientos (verdes y rojos), otro va poniendo a hervir agua en una olla, ella gana tiempo colocando tres platos sobre el mantel.

La cena se parece mucho a la que otros jóvenes están preparando a esa misma hora en otros pisos compartidos muy parecidos. La única diferencia es que en éste María, Andrés y Álvaro nunca habían vivido antes por su cuenta ni preparado una comida así ellos mismos. Los tres tienen síndrome de Down.

Son los inquilinos de un alojamiento estándar en el centro de Logroño en una iniciativa pionera en la comunidad donde sí son más frecuentes pisos tutelados. La que la Asociación Riojana para el síndrome de Down (Arsido) ha impulsado desde noviembre dentro del proyecto 'Vida Independiente' con ese objetivo: que jóvenes discapacitados adquieran la experiencia y las habilidades necesarias para manejarse autónomamente.

El camino hasta disponer de su propio dormitorio lejos del hogar que les ha arropado hasta ahora, decidir cómo decorarlo, aportar el dinero para el bote con que pagan la compra semanal o hasta saber programar el horno no ha sido fácil. Junto a otros asociados, el año pasado completaron un curso orientado a familiarizarse con todas esas obligaciones domésticas. No todos decidieron finalmente pasar de la teoría a la práctica. El miedo (en unos casos de los propios jóvenes, en otros de sus padres) a cómo se manejarían o la cuestión económica fueron los principales obstáculos para participar en una experiencia que va implementándose de forma gradual.

Las primeras semanas tenían a su lado a un responsable de Arsido que incluso pasaba las noches con ellos. Esa supervisión ha ido reduciéndose poco a poco hasta los apoyos puntuales que reciben ahora, por ejemplo, para consensuar un menú equilibrado y la visita esporádica de voluntarios de la universidad que comparten un rato con ellos mientras ven la televisión a última hora, cuando tienen que plancharse la ropa del día siguiente. «El proyecto está funcionando a la perfección», asegura su coordinadora, Nerea Sáenz, que destaca no sólo la naturalidad con que los inquilinos y también sus vecinos del bloque han acogido su 'nueva vida', sino los avances logrados en aspectos en apariencia menores pero que en su caso tienen una relevancia brutal. «La dificultad no es muchas veces que sepan cómo lavar a una determinada temperatura, sino recordarles que sean conscientes de que la ropa sucia se acumula y deben poner la lavadora», explica.

En el caso de todos ellos ya tenían mucho ganado para ir escalando en autonomía. María lleva 15 de sus 36 años trabajando en el Parlamento de La Rioja como ujier. A esa rutina laboral ha ido sumando otras de ocio y su agenda diaria está ahora copada con clases de teatro, entrenamientos de baloncesto, ejercicios de baile en una academia. «A mis padres les costó un poquito al principio la idea de que viviera fuera de casa, pero yo lo tenía claro desde el principio y me gustaría seguir así», confiesa. En el caso de Andrés fue él quien estaba más reticente. «Estoy muy a gusto con mis padres, pero aquí puedo hacer lo que quiero», sonríe sentado frente al ordenador que preside su cuarto entre pósters del Real Madrid y los Beatles, las fotografías con los suyos que tiene distribuidas en un corcho con pinzas y una pequeña canasta de baloncesto, su otra pasión. «En el futuro me gustaría seguir compartiendo piso con otros jóvenes que no sean de la asociación», dice confiado también en seguir trabajando en la Clínica Los Manzanos, donde ayuda como celador desde hace ya más de tres años. Al no ser de Logroño, Álvaro ha tenido la traba añadida de familiarizarse con la ciudad, hacerse con las líneas de autobús, acostumbrarse a la ruta que le lleva a diario a la sede de Arsido donde está empleado como conserje. Fue cuestión de pocos días. Ya es uno más en el piso donde lo que más valora es que «nadie me diga lo que tengo que hacer» y la buena relación con sus compañeros, aunque a veces discutan por qué programar ver juntos esa noche en la tele o tratar de encajar sus responsabilidades con horarios tan distintos. «Tenemos altibajos, como pasa en cualquier convivencia», afirma en un alarde de normalidad y sensaciones compartidas antes de sentarse juntos a la mesa. «Vivir por tu cuenta te hace sentir mejor», coinciden después de preguntar a los visitantes. «¿Os quedáis a cenar?».

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