Con vistas al Mont Blanc

Manuel Bergasa posa con el Mont Blanc al fondo. :: M.B./
Manuel Bergasa posa con el Mont Blanc al fondo. :: M.B.

Manuel Bergasa Elías De Trevijano a Chamonix (Francia)

DIEGO MARÍN A.

Manuel Bergasa Elías trabaja a más de 1.000 metros de altura, con vistas al coloso Mont Blanc. Este joven riojano de 24 años lo hace en La Chavanne, un pub de la estación de esquí de Chamonix, en Francia. Realmente, empezó a trabajar en la hostelería en el bar de Trevijano, de donde es natural, aunque estudió el grado de Traducción e Interpretación en el campus de Soria de la Universidad de Valladolid. Fue completar el Camino de Santiago y sentir «que quería hacer lo que me apetecía en ese momento de mi vida, así que cargué los esquís y la ropa de invierno y emprendí el viaje a Chamonix».

No esconde que obtuvo un «buen recibimiento de llegada» porque sus primos, los montañeros Martín y Simón Elías, trabajan allí como guías de alta montaña. «Por ahora no sé decir cuánto tiempo pasaré aquí pero me gusta mucho esta vida», confiesa Manu Bergasa, antes de añadir que «podría decir que en parte me ha cambiado, ya que he encontrado la profesión que creo que me gusta».

Y es que ha empezado a formarse para ser guía de media montaña. «Consiste -explica- en llevar a gente a la montaña y conseguir que incluso los menos montañeros puedan sentir sus placeres y aprender de ella». El riojano asegura que está «muy motivado, ya que es una profesión en la que se mezclan dos de mis pasiones: la montaña y los idiomas». Su vida, tal y como la describe, «es muy divertida» puesto que «cada mañana cojo un teleférico y subo en moto de nieve hasta el bar, quitamos la nieve de la terraza y nos preparamos para abrir las 11.30 horas».

Su horario laboral es el de la estación, y aunque «en verano tocan más excursiones por el monte y escalada, ahora en invierno esquío prácticamente todos los días libres». «He de decir que los riojanos y los alpinos saboyardos somos bastante parecidos porque nos gusta disfrutar de los pequeños placeres y reunirnos para comer todos juntos», piensa este joven camerano. Tanto es así que «el hecho de vivir en Francia me ha hecho borrar el término 'gabacho' de mi diccionario, son buena gente».

«Una cosa que me sorprendió, y me encanta, es que la gente está acostumbrada a grandes cantidades de nieve y la vida continúa con normalidad. Sin embargo, cuando caen tres copos en El Espolón toda La Rioja entra en alerta roja o naranja», bromea. Manu revela que en Chamonix «hasta las muletas tienen crampones para el hielo». No obstante, este joven riojano echa de menos a familia, amigos y «la huerta riojana». «Aquí todo es 'fondue', 'raclette' o cocina saboyarda repleta de nata y queso», por lo que, cada vez que regresa a casa aprovecha para «llenar la mochila de pimientos, alcachofas y chorizos».

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