Cuando el vino es lo más atractivo del mundo

Visita a una de las centenarias bodegas. :: s.t./
Visita a una de las centenarias bodegas. :: s.t.

El público descubrió las bodegas centenarias de Haro y disfrutó con las actividades organizadas con cada una de ellas Una renovada Cata del barrio de la Estación acoge a cerca de 3.500 personas que rinden culto al Rioja

JÖEL LÓPEZ

haro. «I've got you, under my skin». Suena Cole Porter por entre las calles del barrio de la Estación mientras la gente, algunos ya con la copa Riedler en la mano, van llegando, en un goteo constante, a las siete bodegas que durante toda la jornada abrieron sus puertas de par en par.

El centenario vecindario se convirtió en un divertido y atractivo escenario donde el vino y el gusto por compartirlo han sido los protagonistas.

La Estación, punto neurálgico del día, bombeaba con cadencia cardíaca cientos de visitantes cada hora que se bajaban del tren en busca de buen vino. Como hace más de cien años.

El ambiente más relajado y menos masificado de otras ediciones provocaba imágenes de parejas paseando, diletantes, con una copa llena de vino, grupos de amigos participando juntos de la curiosidad de 'comer' estrellas Michelin en plena calle o personas tomando el sol e incluso echando una breve pero reparadora siesta porque en Haro siempre hay tiempo para todo.

«Vivimos en Madrid pero somos de Irlanda e Inglaterra». Las colas para llenar la copa en cada bodega sirven para hablar y descubrir: «No es la primera vez que venimos pero ésta es una forma única de ver el barrio de la Estación». Estos cuatro amigos británicos disfrutaban de cada paso y cada copa que tomaban.

Además, cada bodega preparó pequeñas actividades con el objetivo de fomentar el juego y la curiosidad entre copa y copa.

«La idea es que el visitante juegue e intente desgranar todos los olores que se encuentran en nuestros vinos». Uno de los animadores de Gómez-Cruzado explicaba el juego de copas tintadas que había en una mesa: «Mucha gente te pregunta cosas muy básicas pero hay otros que se nota que conocen muy bien ciertos aromas del vino».

Cvne fue la bodega que primero notó el flujo intenso de gente. En el mostrador donde servían uno de los vinos, lo explicaban: «Estamos cerca de la entrada pero además, somos los únicos que damos vino blanco y la gente prefiere empezar el día con un blanco».

Secretos de una jornada en la que se pudo ver una cola en los lavacopas. La educación y la tranquilidad fueron destacables.

Tras el ruido del tren llegando a la estación, en Bodegas Bilbaínas se podía oír algo así como disparos secos y breves con ritmo pero sin cadencia. En una de las salas se enseñaba el degüelle del cava. Una manera curiosa y llamativa de abrir una botella.

Con el sol iluminando la jornada, la gente buscaba el abrigo fresco del interior de las bodegas. Con el alivio propio de la penumbra, en La Rioja Alta explicaban, a puerta cerrada, el antiguo proceso de trasegar el vino de barrica en barrica.

Y en Muga, un tonelero de tercera generación explicaba con paciencia y una sonrisa el por qué del buen ojo de los cuberos.

La música callejera con aroma de jazz acompañaba el paseo en cualquier dirección. Tres amigos, camino de Roda, disfrutan de su primera visita a Haro: «Somos de Zaragoza y venimos de propio a este evento». Se calan el sombrero de paja amarilla y continúan una ruta que después de 10 vinos llevan «con dignidad».

El atractivo arquitectónico evidente de López de Heredia y el proceso tradicional de Roda completaban unas actividades que dieron más alicientes, si cabe, a 3.000 personas para disfrutar del vino.

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