Verdad amenazada

JOSÉ LUIS PRUSÉN

ENERO, el Tourmalet del calendario, pasa por ser un mes antipático, con su cuesta interminable y esa bofetada que propina la vuelta a la realidad tras los excesos felizmente vividos. Enero, que bien merece ser un tiempo de esperanza animado por la ilusión de ganar el año que nace, se presenta ceniciento y melancólico, frío y yermo, con ese aire de haber sido puesto en el almanaque para fastidiar. Enero es también el mes en el que, cada cuatro años, toman posesión de sus cargos los presidentes electos de los Estados Unidos. Lo hizo Donald Trump en este 2017 que se despide. Y con él alcanzó su cima ese modo de entender la política que ya no pasa por la aceptación de la realidad. Lo que hoy se lleva es la manipulación de los hechos para acomodar su relato a los prejuicios o a las inclinaciones identitarias. Con el agravante de que el cuerpo electoral parece cada vez más interesado en las emociones y menos en los acontecimientos que condicionan la vida de las personas.

No es casual que el Diccionario Oxford haya elegido como palabra del año 2017 la expresión . Que tal gloria haya sido reservada a un oxímoron es ciertamente preocupante, pues 'noticia' es un término ineluctablemente unido a la verdad y, en consecuencia, incompatible con la mentira. Si un relato es falso podremos encontrarnos ante un bulo, un camelo, una filfa, un infundio, un cuento... Nunca ante una noticia. Porque la distorsión deliberada de la realidad es a la información lo que un billete falso a la moneda de curso legal. Sólo los incautos aceptarían una u otro como si tuvieran algún valor. Y es que una democracia mangoneada por emisores que no separan la verdad de la mentira, o incluso engañan de forma deliberada, puede hacerse tan vulnerable como un sistema financiero adulterado por la aceptación universal de billetes fraudulentos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos