El veneno que propagó Clavijo

Abel Baquerín con su primer coche, un Seat 600 de 1969/A.B.M.
Abel Baquerín con su primer coche, un Seat 600 de 1969 / A.B.M.

Abel Baquerín recuerda en un libro los tiempos heroicos del automovilismo riojano

ROBERTO GONZÁLEZ LASTRA

Sus tapas rojas huelen a aceite, a combustible y a goma quemada; de cada una de sus 392 páginas brota el rugir de cientos de motores, miles de pasadas, derrapes, cruzadas, sueños, alegrías, decepciones y algunos sustos. Es 'Historia del Automovilismo en La Rioja (1968-2000). Mis memorias', un libro que Abel Baquerín ha escrito con el alma y la pasión que puso en el taller familiar y en cada carrera.

La obra es la historia viva del automovilismo regional, un veneno inoculado por unos pocos locos con sus locos cacharros a finales de los setenta y que la mítica Subida a Clavijo se encargó de propagar entre los riojanos: miles abarrotaron curvas y cunetas en cada prueba y unos pocos, aquellos que no encontraron o renunciaron al antídoto, se enfundaron monos y cascos para volar por el asfalto o la tierra.

A Abel le envenenó pronto su padre, Felipe Baquerín, uno de los pioneros, obligado a salir fuera por la falta de pruebas en la región. Así lo hizo en 1968 cuando no dudó en enfrentarse a vehículos Porsche y otras bestias al volante de su Simca 1.000 Barreiros en el Rally Firestone de categoría internacional.

La mecha empezó a prender y un año después, en 1969, se creó el primer campeonato en La Rioja, ganado por José Antonio Solonilla con otro Simca 1.000 Barreiros.

Nicolás Martínez Escuin y Felipe Baquerín, durante su participación en el Rally Firestone 1968 con un Simca 1.000 Barreiros¡
Nicolás Martínez Escuin y Felipe Baquerín, durante su participación en el Rally Firestone 1968 con un Simca 1.000 Barreiros¡ / A.B.M.

«Eran vehículos en los que se trabajaba un poco el motor y la suspensión y poco más. Era tan satisfactorio preparar el coche como las carreras y eso se ha perdido hoy en día, donde manda el dinero: quien más posee, más potente tiene el coche y mejores resultados consigue», defiende el autor del libro, una obra que define como «un homenaje a la evolución del automovilismo riojano y a sus momentos de oro, como la fundación, en 1972, del Automóvil Club de La Rioja, que tenía hasta piscina y campo de tenis».

Los títulos no tardarían en llegar, pero los inicios no fueron fáciles. Su primera temporada, en 1976, fue en el asiento de un Seat 600, un vehículo que, recuerda, «reventé en Clavijo». Luego vendrían un Simca 1.000 grupo 2, un Seat 124, el 1.430 Juncosa, el Renault 5 Turbo 2, un 11 Turbo... «Yo iba cogiendo coches de acuerdo a mis posibilidades económicas, vehículos que rehacía y evolucionaba para correr. Salían prototipos preciosos y era lo bonito, pero eso se acabó cuando se cambió la reglamentación, algo que en otros países, como Francia no ocurrió y aún puedes ver Simcas con motores turbo de 6 cilindros que son un verdadero espectáculo», se lamenta el varias veces campeón de La Rioja de montaña y de rally y aún orgulloso de dos hitos en su carrera: el subcampeonato de España de Montaña 'Cita de Campeones' y, muy en especial, el triunfo en la Subida a Clavijo.

El 1.430 de Carlos Arenzana toma la salida en Arnedo 1973
El 1.430 de Carlos Arenzana toma la salida en Arnedo 1973 / A.B.M.

«Esa era la ilusión de todos porque era la prueba que inició el automovilismo riojano y era la niña de nuestros ojos, nuestra niña mimada, cada curva tenía su nombre. Sin Clavijo, el automovilismo riojano no ha sido lo mismo», defiende desde la veteranía de tres décadas de competición frente a una inacabable nómina de rivales y amigos: Rafael Cabezón Tricio, Carlos Arenzana, Evaristo Sarabia, Manuel Pérez Marín 'Bujías', Rubén García, Luciano Arrabal, Manolo Aguirre, Jesús Solana, Mario del Rey, Javier Blanco, Vicente González...

«La afición riojana sigue existiendo, hay mucha y muy buena, pero tienes que darle lo que necesita», remata el campeón, retirado en el 2001 con un «hasta luego».

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