Vendrán otros años peores

LA RIOJA FEBRERO

JORGE ALACID

Cuando uno repasa el calendario a punto de caer sus últimas hojas, desde un punto de vista periodístico tiende a incurrir en el eterno error: piensa que lo importante es más relevante que lo interesante. No importa que el paso del tiempo conmine a evitar semejante pecado: dentro de 365 días volverá a perpetrar idéntico rito y de nuevo regresarán los mismos o parecidos nombres y apellidos a poblar la cuenta de resultados del año saliente. Se llenará por lo tanto nuestra cabeza de Marianos y de Puigdemonts; nos desbordará el recuerdo de las sesiones del Parlamento regional, ese limbo que a pocos riojanos conmueve; o sentiremos una punzada de nostalgia pensando en lo que pudo haber sido y casi nunca fue, así en el 2017 como en los años que nos precedieron. Y no caeremos sin embargo en un revelador detalle. Que si por algo debería el ser humano distinguir su paso por este valle de lágrimas es por dos cuestiones que solemos amputar mientras restamos el debe a la columna del haber: la cultura y su hermana mayor, la educación.

Si ambas materias formaran parte de las prioridades de los españoles, observaríamos que un candidato meridianamente claro a personaje de este año que se extingue sería Rafael Sánchez Ferlosio, de quien parafraseo el título célebre de sus legendarios escritos para honrarle como merece desde el titular. Porque desde luego ejerce entre nosotros como lúcido analista de cuanto nos rodea, el penoso mundo que cada mañana debemos obsesionarnos en perfeccionar. Ese mandato que el autor de 'El Jarama' cumple obstinadamente; el tipo de encargo que sólo alguien con su genuina erudición puede acometer porque su reino no es de este mundo: su reino es la auténtica sustancia de las cosas.

En uno de esos mentados plenos del Legislativo, la portavoz de Podemos alertó del nulo impacto que precisamente observa la cultura en el Presupuesto de La Rioja, donde apenas sirve para rellenar la letra pequeñísima. Por el contrario, la educación se lleva una parte mollar, aunque ese documento en realidad incluye la constatación de su fracaso, que sus señorías nos venden como su opuesto: el éxito de la nueva política es que usted y yo le paguemos los libros de texto a quienes dedicarán esos dineros a otros menesteres. Tatuarse un tobillo, por ejemplo. De donde nace la pesimista idea que sirve para encabezar estas líneas porque ilustra la sociedad que estamos creando. Sí, vendrán años peores.

Y llegaremos a la idiocia total.

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