Vencer y convencer

Ocón, el domingo tras conocer su victoria. :: díaz uriel
Ocón, el domingo tras conocer su victoria. :: díaz uriel

«Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso donde vayas»SUN TZU (EL ARTE DE LA GUERRA)

JORGE ALACID

Cuando José Ignacio Ceniceros derrotó a Cuca Gamarra en el congreso del PP, dirigentes socialistas examinaron el resultado en estos términos: «Nos gusta». Aludían en su análisis a que Ceniceros les parecía un rival más abordable que la alcaldesa de Logroño en caso de un hipotético cruce en las presidenciales del 2019. Luego del reciente triunfo de Francisco Ocón sobre Félix Caperos en las primarias del PSOE, la pregunta viajó en sentido opuesto. Y recibió esta contestación de mandatarios del PP consultados: «Preferíamos otro resultado». Por razones análogas: en una potencial campaña con destino al Palacete, el tique Andreu-Ocón infundía entre ellos un temor superior al derivado de una victoria del alcalde de Casalarreina.

¿Votaron los militantes del PP en Riojafórum teniendo en cuenta semejantes componendas? ¿También se pronunciaron las bases socialistas pensando no sólo en su secretario general sino en regresar al Gobierno regional un año de éstos? Del discurso de Ocón cabe deducir una respuesta en sentido afirmativo: porque, a diferencia de su rival, el candidato ganador avisó en todo momento, desde el acto inaugural de su campaña, que su salto en el escalafón interno tenía que interpretarse como el primer paso para alcanzar la gloria mayor, la mayoría en el Parlamento. Y cuando tomó el domingo la palabra en la sede socialista, machacó sobre la misma idea: el relevo de César Luena parecía importarle menos que la sucesión de Ceniceros. Unas palabras que sonaban creíbles por dos factores adicionales: que las pronunciaba un político (más o menos) recién llegado, de modo que su mensaje se dotaba de la frescura propia del novato. Y que le escoltaba en el estrado de Martínez Zaporta una insólita representación de sus compañeros de partido: un PSOE más plural que de costumbre.

Porque en esa imagen organizada para dicha de los fotógrafos, Ocón se rodeó de una curiosa compañía. Históricos de Izquierda Socialista, como Chema Buzarra, le apoyaban. Lo cual permitía una lectura añadida: frente a la sospecha de que la actual UGT, tanto esa que da la cara como la otra que maniobra entre bambalinas, había apoyado a Caperos, el antiguo jefe máximo del sindicato se desmarcaba de la tendencia imperante por Milicias. Junto a Buzarra se situaban además miembros de las distintas facciones cuya característica principal, hasta la presente coyuntura, se distinguía precisamente por lo contrario; imposible pensar en convocarles a una foto conjunta. Recientes aliados de Pedro Sánchez se codeaban con fans de Susana Díaz y a su lado posaban incondicionales de Patxi López. El hilo de sus biografías es un retorcido berbiquí: se suponía que Ocón era el hombre de Luena, pero en su día más feliz incluso supo reunir a su alrededor a antiguos críticos del líder saliente.

De donde se desprende que en esa imagen para la posteridad se esconde la auténtica promesa de un PSOE renacido. De la capacidad de su secretario general entrante para convencer no sólo a los convencidos, sino a los vencidos. Ahí puede encontrar Ocón la semilla de un nuevo partido cuya germinación apuntaría hacia dentro de dos años, si es que antes no hay noticias en la Cámara autonómica que descalabren la actual hegemonía minoritaria del PP. Ahí, en la imagen que capturó el fotógrafo por los pasillos de Martínez Zaporta mientras avanzaba al encuentro de los suyos, debe rastrearse si anida en Ocón algo más que el tipo de confianza en uno mismo propia de las horas de euforia. En la imagen que ilustra estas líneas, camina con ademán firme y sonrisa infinita, mientras deja a su espalda las salas que en su día alojaban el despacho del jefe máximo. Donde recibía a las visitas Ángel Martínez Sanjuán y donde atendió luego Francisco Martínez Aldama, hasta que las obras de ampliación del inmueble empujaron hacia la izquierda esa misma estancia... coincidiendo más o menos con su ocupación a cargo de de Luena.

Ocurre que la política coquetea con el reino de las metáforas y obsequia al periodista con esta clase de joyas. También con alguna confidencia. Como la que regala cierto dirigente socialista: anima a Ocón a recordar, según un dictamen que hubiera servido también para radiografiar la victoria de Ceniceros sobre Gamarra, que su victoria podía haber sido su derrota si apenas 60 votantes hubieran cambiado de bando. Y otra sugerencia: que no olvide que la capacidad del líder territorial se verá siempre limitada por las ocurrencias de su jefe en Ferraz. Que el PSOE riojano pesará tanto como pese su marca nacional. De modo que para asegurarse algún éxito en su aventura, a Ocón le convendría que Sánchez estuviera una larga temporada sin dar noticias. Mudo o quitecito.

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