Una velada en Yuso

Un grupo se fotografía frente a la fachada monumental que da acceso al monasterio./Jonathan Herreros
Un grupo se fotografía frente a la fachada monumental que da acceso al monasterio. / Jonathan Herreros

Las visitas nocturnas del monasterio de Yuso terminan tras un intenso mes de agosto con gran afluencia de turistas

SANDRA FERNÁNDEZ/P.G. SAN MILLÁN DE LA COGOLLA.

Es sábado y el reloj marca las diez de la noche. El monasterio de Yuso yace en penumbra con apenas el reflejo de unas cuantas velas dispuestas por todas las dependencias. El silencio reina en el gran complejo y los visitantes esperan expectantes el comienzo de la visita.

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María José Larrea, la guía que acompaña el recorrido, señala la importancia de las veladas: «Se centran más en la vida espiritual y religiosa, e invitamos a los visitantes a vivir el silencio y a que dejen atrás las preocupaciones, que disfruten de la tranquilidad que transmite la iluminación de las velas y la música ambiental».

El refectorio monástico, el momento de laa proyección del audiovisual en la sala de la Hispanidad y, el grupo, durante su visita a la sacristía. / Jonathan Herreros

Estos recorridos nocturnos llevan celebrándose cinco años y marcan el final del verano, pues solo se realizan los sábados de agosto. A diferencia de las visitas ordinarias, que inciden en la historia del monasterio, los estilos arquitectónicos utilizados y el arte en general, las veladas son más íntimas y persiguen la intimidad. De esta manera, se hace un recorrido por los lugares que habitaban los benedictinos en el siglo XII, como el claustro, la sacristía, las iglesias o el refectorio. Algunos códices, el libro Cantoral del Coro o la réplica del arca donde se trasladaron los restos de San Millán fueron las joyas más preciadas de la noche. La música coral que resonaba por todas las estancias puso el toque místico y solemne, así como las oraciones que se escucharon desde el púlpito a imitación de las comidas de los monjes, en un silencio roto por la lectura de la Biblia.

«Invitamos a los que vienen a vivir el silencio y a que reflexionen dejando atrás las preocupaciones»

Antonio Rubio, un riojano de mediana edad que acude con frecuencia a este monasterio y que el sábado participó en la velada, califica la visita como «novedosa y exclusiva». «Da igual si eres creyente o agnóstico porque la interioridad de Yuso invita a todos», apostilla. Como él, muchos visitantes quedaron completamente satisfechos con la visita y salieron con una sensación de alivio y relajación. Ana Santolaya, natural de Badarán, considera la velada como un privilegio: «Poder disfrutar de las dependencias del monasterio en penumbra y en silencio es una experiencia muy bonita que te traslada al siglo XII. No tengo palabras para definir las sensaciones vividas esta noche». Y no solo riojanos deambularon la noche del sábado por las estancias monacales, también lo hizo el madrileño Carlos Lázaro, que nunca había disfrutado de una visita de estas características: «Ha sido una velada mística, nunca había visitado un monasterio de noche ni de esta manera, la iluminación de las velas y el coro de fondo logran transmitir la esencia de la vida de los religiosos, y sobre todo, da mucha tranquilidad».

Para finalizar la visita, una hora después, se mostró un audiovisual en la sala de la Hispanidad sobre la vida de San Millán y las labores que se realizaron en el monasterio durante siglos.

En torno a las once, el último grupo del día comenzó su recorrido por el cenobio emilianense hasta que, a medianoche, las llamas se apagaron y la oscuridad se adueñó del monasterio.

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