Unipapel, un año sin poder pasar página

Víctor, José Julián (Jota), Juanjo y Lorenzo junto a la fábrica abandonada de Unipapel de Logroño. :: Sonia Tercero

Los empleados de la papelera están a la espera de una inminente resolución definitiva del ERE de extinción | Cuatro trabajadores de la planta relatan cómo han transcurrido los últimos doce meses desde que cesó la actividad industrial

MARÍA CASADOLOGROÑO.

Un año pasa volando. Cuando todo va bien, claro. Cuando los entramados no se desentraman el tiempo pasa lento y desgasta. Así ha vivido los últimos doce meses la plantilla de Unipapel en Logroño: el tiempo que hace desde que entró en vigor el ERTE (expediente de regulación temporal de empleo) con duración de un año y que después anuló el juez. Ahora aguardan la resolución del ERE de extinción que se augura inminente, cuestión de días. Si bien, como recuerdan, «los problemas empezaron antes; no hay que olvidar que desde marzo a julio de 2016 estuvimos sin cobrar», explican cuatro de los 58 empleados de la planta logroñesa: Víctor, Lorenzo, José Julián y Juanjo.

Con perfiles diferentes, todos coinciden en algo: claman porque se resuelva ya la situación. Por eso, y por señalar a los entes competentes, pues consideran que «no se ha hecho todo lo suficiente ni desde la Administración riojana ni desde la nacional». «No se puede permitir que el fondo de inversión y cía hagan lo que han hecho con una empresa que funcionaba». Y cargan también contra «la dirección de la planta, que ha desaparecido y no ha dado la cara aunque nosotros sí la dimos cuando, a pesar de no estar cobrando, se nos pidió un esfuerzo para un pedido».

LAS FRASES Lorenzo Zuloaga Treinta años en Unipapel «Lo llevo como puedo. Los primeros seis meses me dediqué a cuidar de mi madre enferma» Víctor Aldonza 28 años empleado en Unipapel «Estamos deseando que se resuelva. Teníamos la esperanza de que alguien lo comprara, pero...» Juan José Aguirre 25 años empleado en Unipapel «Estaba en vías de prejubilación para 2018 y, ahora, a la expectativa de qué va a pasar» José Julián 'Jota' Tre Diez años empleado en Unipapel «Mi mujer trabaja, pero con lo que nos dan de paro no llega para gastos; estoy en un bar a media jornada»

La experiencia de Lorenzo Zuloaga en Unipapel se cuenta por décadas, tres, en concreto. De profesión delineante, Lorenzo entró en la firma hace treinta años y allí se dedicaba a tareas de guillotinero. Este último año reconoce que ha sido duro. «Es un sinvivir la situación, se está alargando mucho y no se ve la luz al final de túnel», apunta. Él es de los que se mantiene a la espera de la decisión judicial sobre el ERE de extinción, «sobreviviendo con lo que recibimos del paro, que ahora mismo es ya el 50%, y con ello a duras penas se paga hipoteca y demás». ¿Y cómo lo está viviendo en el día a día? «La verdad que lo estoy pasando como puedo... Los primeros seis meses me dediqué a cuidar a mi madre que padece alzheimer, dándole la medicación, paseando, etc. Ahora ya precisa de una chica que la atienda», cuenta.

Cuando se trata de hablar de la empresa, asegura que «es una pena terrible para la región, prometía un gran futuro hace unos años para La Rioja, cuando estaba con sus fundadores...». En cuanto a su futuro, su reciclaje laboral le gustaría que fuera en artes gráficas, que es lo que más domina, pero no descarta otras actividades y está dispuesto a formarse.

«Ha sido un año de desgaste personal, reuniones, trámites, juzgados, incertidumbre... Estamos deseando que se resuelva cuanto antes», admite Víctor Aldonza, presidente del comité de empresa de Unipapel por USO y con 28 años de trayectoria en la compañía. Él también lleva el último año cobrando la prestación de desempleo del ERTE. «Entre las reuniones y trámites que nos han tocado no me era posible desempeñar otro empleo. Además, teníamos la esperanza de que alguien la comprara y volviéramos a nuestros puestos, pero no parece haber comprador».

Con tres hijos, dos mellizos de 16 años y otro de 18, y ante la tesitura actual, «mi mujer ha tenido que buscar empleo y desde enero trabaja». Aldonza, que era encargado de la compra de materia prima en Unipapel, sabe que si el siguiente paso es la extinción de los contratos le queda por delante una ardua tarea para trabajar: «Lo tengo complicado por edad (55 años), al igual que otros compañeros que se acercan a los 60. De hecho, se está mirando con el Ministerio de Trabajo para ver qué prejubilaciones pueden llevarse a cabo para mayores de 55 años».

Pero a él se le suma un handicap extra, ya que desde un accidente sufrido en los años ochenta, cuenta con una minusvalía del 33 por ciento. «La situación es compleja, no puedo trabajar en cualquier puesto, así que lo tengo más difícil aún, pero en cuanto terminen estos líos actuales, para septiembre, habrá que ponerse a buscar», concluye.

Uno de los ejemplos de quienes veían próximo el final de su carrera laboral y ahora están a la expectativa es Juanjo Aguirre, de 60 años. «Estaba en vías de prejubilación para enero de 2018 y ahora estamos así, sin saber qué va a pasar», afirma. La realidad es que le abordan las dudas: «Creo que puedo pedir jubilación anticipada por los años que tengo cotizados, pero no sé bien en qué condiciones...», explica. Económicamente, admite que no ha pasado problemas este último año: «Tengo todo pagado, por suerte, y recibo también pensión de viudedad, así que he podido salir adelante sin dificultades».

Su día a día ha transcurrido en un proceso de atención a sí mismo. «Me he centrado en recuperarme de la espalda, ya que tengo problemas no sé si por el trabajo o por enfermedad; es decir, me he dedicado a cuidarme a mí». Después de 25 años en la firma papelera, donde ejercía de carretillero, resulta chocante un final laboral de esta naturaleza. «En este empresa no lo hubiera pensado en principio, pero en los dos últimos años se veía venir», subraya.

Con un futuro hacia la retirada mira a los jóvenes con preocupación: «Lo veo mal, primero que se reabra, y segundo porque el mercado se ha perdido, el prestigio de la marca también...», concluye.

Cuando José Julián Tre, al que todos llaman 'Jota', echa la vista a atrás un año solo le surge una inmensa sonrisa al citar una fecha: el 11 de noviembre, el día que llegó su alegría, el pequeño Julián, quien le acompaña durante el reportaje. A pesar de su juventud, 34 años, Jota lleva diez años en Unipapel donde ejercía como oficial de máquina: «He aprovechado el nacimiento de mi primer hijo para pasar más tiempo con él y encargarme de cuidarlo». «Con lo que nos dan de paro no llega para pagar gastos y menos mal que mi mujer trabaja», apunta. Por ello, a principios de año empezó a media jornada en un bar, en su pueblo, Albelda. «De momento estoy con media jornada y lo completo con el paro, aunque a corto-medio plazo tengo que buscar un empleo a jornada completa», reconoce, mientras demanda que las administraciones deben controlar y no permitir despropósitos como el vivido en Unipapel.

Jota representa a quienes, mientras se aclara la situación, se han buscado otro trabajo. La mayoría de los 'reubicados' -casi todos a jornada completa- son de la última generación en entrar a la planta logroñesa, los más jóvenes.

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