Tres años de sequía y un 'marrón' para la geografía riojana

R. G. L. LOGROÑO

Con el abastecimiento del agua de boca al parecer garantizado en la región y algunos problemas en la actual actividad agraria -el final de la siembra de los cereales de invierno (trigo y cebada)- la escasez hídrica si que ha dejado su huella en la región.

Más allá de los datos objetivos y medibles, como los registros de precipitaciones y el aumento de las temperaturas máximas, medias y mínimas, los rigores de la sequía se aprecian en la faz riojana tal como se demostraba en dos imágenes de un mapa de España hechas públicas la semana pasada por la Agencia Estatal de Meteorología .

Una corresponde al 31 de octubre del 2014 y la otra a la misma fecha de este año, donde aparece un país mucho menos verde que tres años atrás. Elaboradas a partir de información recogida por el Meteosat tanto en el infrarrojo como en luz visible, las fotografías muestran la cubierta vegetal a través del 'Índice de vegetación de diferencia normalizada' o NDVI. «Los tonos marrones revelan ausencia de vegetación. La diferencia salta a la vista», explicaba la AEMET en el mensaje, conciso pero contundente, con el que acompañaba los mapas en su Twitter. Y añadía después: «No es que donde en el 2014 había árboles ahora no los haya, sino que falta vegetación herbácea, hierbas y arbustos, por la ausencia de lluvias. En las zonas marrones no hay hierba».

En definitiva, las heridas que tres años de sequía han abierto en la piel del país, también en La Rioja, castigada con el mismo marrón en gran parte de su geografía, un colorido no achacable al estallido multicolor de los viñedos en otoño, sino a los mismos que el resto del país: la falta de agua priva a amplias zonas de hierbas, matojos y arbustos que son sustituidos por pastos secos y espacios áridos para convertir el antiguo verde en marrones y amarillos.

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