«Éste es un trabajo muy sacrificado y muy esclavo»

Mario Espinosa Vende bacalao y aceitunas en Nájera

F. DOMÍNGUEZ NÁJERA.

Si a los vendedores de los mercadillos se les supone un ir y venir de mayor o menor amplitud, el vitoriano Mario Espinosa, a sus 31 años, tal vez se lleve la palma en cuanto al radio de acción de su recorrido. Su puesto de venta de bacalao y de encurtidos, principalmente aceitunas con sus diferentes variedades y aliños, comienza su periplo de ventas los martes en Pamplona. Al día siguiente se traslada a satisfacer a su clientela en la localidad zaragozana de Illueca, el jueves acude a Nájera, para estar puntualmente cada viernes en la alavesa Amurrio y cerrar sus peregrinar de ventas en la fronteriza Irún los sábados.

Eso le supone que, «cada día me tengo que levantar sobre las cuatro y media o las cinco de la mañana, porque lo primero que tengo que hacer es acudir a una de nuestras dos pescaderías a recoger todo el género, antes de ponerme rumbo a donde me toque ir». El viaje de cada jornada le supone «al menos una hora de ida y otro de vuelta», y para él, que se hizo cargo del puesto al dejarlo su padre «porque ya se hizo mayor y se le hacía muy pesado este trabajo», esta labor comercial itinerante, «es muy sacrificada y muy esclava, madrugas mucho y luego llegas tarde a casa».

LAS RUTAS

Lunes
Alberite
Arnedo
Entrena
Villamediana de Iregua
Martes
Albelda de Iregua
Briones
Cabretón
Casalarreina
Haro
Murillo de Río Leza
San Asensio
San Vicente de la Sonsierra
Miércoles
Aldeanueva de Ebro
Baños de Río Tobía
Grañón
Igea
Lardero
Nalda
Navarrete
Jueves
Briones
Calahorra
Cornago
Leiva
Nájera
Quel
Viernes
Agoncillo
Alfaro
Cervera del Río Alhama
Fuenmayor
Medrano
Pradejón
Rincón de Soto
San Vicente de la Sonsierra
Viguera
Sábado
Autol
Casalarreina
Ezcaray
Haro
San Asensio
Santo Domingo de la Calzada
Domingo
Anguciana
Logroño
Rincón de Olivedo

Por si fuera poco, Espinosa, que antes de quedarse solo con el puesto de venta, «estuve algo más de tres años acompañando a mi padre», añade que «estás cada día cargando y descargando pesos, además del frío que se pasa en invierno y el calor en verano, sin olvidar las muchas horas que pasas de pie». Por el contrario, en el lado positivo de la balanza, coloca que «trabajas para ti, todo lo que se gana se queda en casa y no tienes que dar cuenta a nadie», además de «el trato con la clientela, que es algo muy gratificante».

Reconoce sin ambages que su trabajo «es rentable; si no, no estaríamos aquí» y señala que las mejores épocas de ventas «son en Navidad, en Semana Santa y en fiestas», a lo que añade para el caso de Nájera, «el verano, porque viene mucha gente de los pueblos de la comarca».

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