En la tierra de los acebos gigantes

Los caballos pastan entre los acebos. :: albo/
Los caballos pastan entre los acebos. :: albo

El acebal de Valgañón es uno de los más importantes de Europa por el porte arbóreo de sus ejemplares

Javier Albo
JAVIER ALBOSanto Domingo

Valgañón. La civilización, imaginada como ese batiburrillo de seres humanos, casas y leyes -por resumir-, escora hacia el verde conforme se acerca Valgañón y parece quedar borrada del mapa al sobrepasar el murmullo frío que nace de los caños de Tres Fuentes, de los que el agua fluye caudalosa para perderse, a lomos del Oja, quién sabe dónde. Allí, rodeada de un terreno que esconde infinidad de fósiles que hablan de un remoto mar, se levanta esta iglesia románica que custodia en su interior un Cristo que, en realidad, era para Bañares. Cuenta la leyenda que los bueyes que lo transportaban desde Burgos se detenían al llegar el templo, tercos, pero que al descargarles de la imagen seguían su paso. Ello fue interpretado como una señal divina y el caso es que allí se quedó, con lo que los fajolos -gentilicio de la localidad a la que nunca llegó-, acuden a visitarla anualmente en romería.

Más

A partir de esta iglesia, la carretera serpentea, sube y se adentra en un espacio natural que se funde con la provincia de Burgos. Antes de eso, tomando un camino de tierra se llega a la dehesa de Valgañón -desde esta localidad también se puede acceder a ella, monte a través-, a donde cada año, allá por San Isidro y con ambiente festivo, el pueblo sube las vacas para que pasten hasta el otoño. Allí arriba, donde antaño se celebraban peleas de toros, se localiza uno de los acebales más importantes de Europa, no por su extensión -unas 10 hectáreas- sino por el tamaño de los ejemplares, de porte prácticamente arbóreo, que rondan los 8-10 metros de altura.

Recorrerlo es una delicia; hacerlo con expertos es adentrarse en otro mundo y ver que, más allá de la belleza, hay una vida 'pensante' que se defiende del ramoneo -comer los animales sus ramas- desarrollando hasta donde estos llegan hojas espinosas; que 'aisla' con grandes berrugas enfermedades en sus troncos o que compite por el mejor suelo, entre muchas otras cosas, invisibles o ignotas para el neófito, a quien el paseo se convierte en clase magistral con la compañía de expertos, como son en este caso los naturalistas Juan José Arguisjuela (Silvestres Ezcaray) y Gerardo Hernando.

«Este espacio natural debería tener una protección legal más estricta», dice Arguisjuela

«El acebal es un hábitat con un interés ecológico importantísimo; es también paisaje y, sobre todo, es cultura y etnografía del territorio del Alto Oja», sintetiza Arguisjuela, que evoca una historia muy ligada a los usos ganaderos, principalmente de Valgañón, dentro de los montes comunales que eran gestionadops entre varios municipios o aldeas. «Mantener un acebal tenía su importancia en la economía de subsistencia de tiempos pasados -explica-, principalmente como lugar de refugio para el ganado, tanto en invierno como en verano, y sobre todo como recurso forrajero, ya que la hoja de acebo se mantiene bien todo el año y se daba de comer al ganado. Luego también estaba el aprovechamiento maderable».

Actualmente, al igual que todas -subraya la palabra- las especies forestales que estén dentro de los montes públicos, el acebo está protegido por la Ley de Montes y se necesita una autorización para cortar una rama o realizar cualquier otra actuación con él, si bien como especie amenazada solo está considerada en algunas comunidades y La Rioja no está entre ellas.

El naturalista, que es ingeniero técnico forestal y guía profesional por itinerarios de baja y media montaña, entre otros títulos, reclama una mayor tutela para el acebal, catalogado como Hábitat de Interés Comunitario y forma parte de la Red Natura 2000. «Debería tener una protección legal más estricta», afirma. «Dentro de lo que es la legislación ambiental de La Rioja, la Ley de parques naturales crea una figura especial para un hábitat como pudiera ser este acebal, que son las áreas naturales singulares», explica. En la comunidad, solo goza de esa declaración la laguna de Hervías.

El acebal tiene gran interés por sí solo pero, además, se enmarca en un ecosistema lleno de atractivos: la dehesa; la laguna, incluida en el inventario de zonas húmedas de La Rioja para la protección de los anfibios que en ella habitan; el robledal de Turgaiza, con árboles espectaculares; la cueva de los Moros; el tilo Fallizco, árbol singular de 700 años...

«El sitio es muy completo», indica Arguisjuela. Gerardo Hernando abunda en las posibilidades que brindan espacios naturales como éste, «de puesta en valor sobre sensibilidades ambientales e incluso de generación de empleo para los habitantes de la zona, mediante la creación de un grupo de celadores e intérpretes ambientales con los que recorrer e interpretar este espacio». Es éste un lugar de lo más natural.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos