El tiempo, instrucciones de uso

'Persistencia de la memoria'; obra de Dalí también conocida como 'Los relojes blandos', propiedad del MOMA de Nueva York.
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'Persistencia de la memoria'; obra de Dalí también conocida como 'Los relojes blandos', propiedad del MOMA de Nueva York.

«Podéis pedírmelo todo, a excepción de mi tiempo», Napoleón Bonaparte.

JORGE ALACID

Yolanda Preciado, alcaldesa de Alfaro. Casada, madre de dos hijos: por lo tanto, como tantas riojanas, debe hacer malabarismos para conjugar el verbo célebre, conciliar. Por su dedicación exclusiva al frente de la Alcaldía alfareña, ingresa un sueldo anual de 39.107,88 euros brutos. El jueves, como ocurre con tantos otros plenos del Parlamento donde ganó su escaño en las filas del PP hace un par de años, se acomodó en su silla, se levantó acabada la sesión y volvió a su casa. Durante ese tiempo, sus horas de trabajo al servicio del Ayuntamiento que le paga se quedaron en una especie de limbo. Quien la observara concluiría que toda esa mañana sólo sirvió para malgastar tanto el tiempo como el dinero.

Porque verla desde la tribuna de prensa movía a la conmiseración: siempre da la impresión de que tiene mejores cosas que hacer. Pero Preciado, como el resto de parlamentarios, está sometida a la disciplina de partido que le obliga a dejar su puesto de trabajo (cuyo salario paga el contribuyente) a cambio de aplaudir a los suyos cuando suben al atril, consultar el móvil de vez en cuando, cuchichear con sus vecinos de butaca, mirar el reloj si el pleno se alarga y combatir el sopor mediante el método habitual: disimulando. Aparentando que cuanto sucede por el exconvento de La Merced parece apasionante.

Puede tomarse algún otro ejemplo sobre la utilidad del empleo del tiempo que el actual parlamentarismo reserva para sus elegidos, pero el de Preciado resulta paradigmático porque, además de cobrar su nómina procedente del erario público, la web de la Cámara anota que sólo ha dedicado un cuarto de hora en dos años a levantar la voz durante esos plenos a los que acude puntual como un ferroviario suizo. Apena cavilar sobre semejante pérdida de tiempo y de energía. Contemplarla a ella y a sus congéneres recuerda a los peces deambulando en su pecera: van y vienen siguiendo misteriosas instrucciones. O según su libre aunque acotado albedrío.

Algunas señorías alzan ahora la voz reclamando que el ejercicio de sus funciones se profesionalice. Es el caso del vicepresidente Tomás Martínez, quien tiene coartada: milita en Ciudadanos, el partido que prometió cambiar la política. Así que esto debía ser el cambio. Porque en octubre Martínez lideró como suele la clasificación de percepciones de sus señorías. Entre indemnización y gastos de desplazamientos, se embolsó 1.641,32 euros. Un capítulo por el que Preciado cobró casi mil, aunque tal cantidad, que incluye su asistencia a comisiones, tal vez no compensa el abandono de sus funciones en Alfaro. Ni ayuda a borrar la impresión que encabeza estas líneas: que tanto ella como algunos compañeros, a menudo incómodos en sus asientos, cuentan con alternativas más sensatas para emplear el dinero del administrado. Y que puesto que apenas se precisa de ellos que levanten la mano cuando toca, podían asumir ese quehacer desde sus auténticos menesteres. Esos por los que cobran un sueldo público.

Claro que ya sabemos desde Einstein que todo es relativo. Sobre todo, el tiempo. Sirva este caso: Ana Lourdes González, presidenta de ese mismo Parlamento donde goza de un estipendio superior a 75.000 euros al año, se las apaña para simultanear esa ocupación endosada al contribuyente con la de vicesecretaria del PP. Un ejemplar aprovechamiento del tiempo. Y de compatibilidad de tareas: otro pecado que también iba a eliminar la nueva política.

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