La sorpresa se instala en la calle Villegas

Mujeres musulmanas acuden al rezo de los viernes al centro islámico Al Firdaws de la calle Villegas de Logroño./Juan Marín
Mujeres musulmanas acuden al rezo de los viernes al centro islámico Al Firdaws de la calle Villegas de Logroño. / Juan Marín

El vecindario de la mezquita Al Firdaws trata de asimilar la expulsión de su eximam por radicalismo | El grupo de trabajo por la convivencia de Madre de Dios se reunirá la próxima semana para evitar que lo sucedido estigmatice al colectivo musulmán local

Javier Campos
JAVIER CAMPOSLogroño

La sorpresa se ha instalado en la calle Villegas de Logroño, cuyo vecindario aún continúa desconcertado. «¿Que era malo?». Abdul preguntaba con la ingenuidad de un niño al darse de bruces con la portada de Diario LA RIOJA en la que, sobre la foto de Alaa Mohamed Said, podía leerse que el Gobierno de España había ordenado la expulsión del país de uno de los imames de Logroño por su radicalismo.

El joven paquistaní, sin lograr salir de su asombro desde la frutería que regenta en la esquina con Primo de Rivera, no tenía ni idea de la noticia. Conocía al imam, aunque no tenía relación con él. De hecho, dice que llevaba tiempo que no acudía por la mezquita. Su mujer, sin embargo, sí que es clienta del establecimiento. El vecindario, en su conjunto, trata de asimilar lo sucedido en torno a quien otrora dirigiese la oración colectiva en la mezquita Al Firdaws.

La comunidad musulmana de Logroño se ha sorprendido con la expulsión del imam radical. / Juan Marín

El también denominado centro islámico no ha tardado en desmarcarse de la controvertida figura. «No era ningún líder espiritual de nuestra comunidad, más bien fue un imam voluntario durante tres años y ahora llevaba más de seis meses sin regentar nuestro centro», aseguraba oficialmente la comunidad musulmana de Logroño y La Rioja para rechazar y condenar «cualquier tipo de radicalismo y terrorismo».

A Alaa Mohamed Said se le conoce en el barrio sobre todo de vista, de ir y venir, «aunque no se relacionaba»

«De ir y de venir». Así aseguran que le conocían en bares como el Madrid y el Alfonso. «No era persona de relacionarse», dicen en otros negocios. Sorprendidos, casi todos; asustados, unos pocos. «El colectivo es gente trabajadora, que comparte nuestros mismos problemas, y todos vivimos en paz», explicaba Silvia tras la barra.

«Tenemos claro qué es el islam y qué no es, sabemos diferenciar», sentencia quien atiende en un bazar junto la mezquita, española de religión islámica. «Nada, nada, nada», se negaban a hablar en un locutorio que hace esquina con la calle Cigüeña. «Si ha sido expulsado por hacer apología de la versión más radical del islam, me alegro... Ganamos todos», añadían en un taller mecánico 'leyendo' textualmente un titular de este periódico.

Ya el delegado del Gobierno en La Rioja, Alberto Bretón, daba cuenta tras la noticia adelantada por Diario LA RIOJA de que el religioso egipcio, que también había colaborado con la mezquita de la calle Somosierra y trabajó en la puesta en marcha sin éxito de la ubicada -y a mitad de construcción- en la confluencia entre Madre de Dios y Caballero de la Rosa, constituía «una amenaza real y actual para la seguridad nacional» dado el extremismo de sus postulados -de no integración de los musulmanes en la sociedad de acogida-.

El grupo de trabajo por la convivencia del barrio, al respecto, se reunirá la próxima semana para tratar el asunto y evitar que lo acontecido estigmatice al conjunto de la comunidad musulmana local. «Se trata de poner en marcha iniciativas para no ser reactivos sino propositivos en favor de la convivencia», aseveraba ayer Juan Carlos Martínez, presidente de la asociación de vecinos Madre de Dios. Hubo un tiempo, además, en el que un miembro de la mezquita de Al Firdaws formaba parte de la junta directiva de la asociación vecinal «y tuvo problemas con el imam expulsado».

Alfonso Troya, de Rioja Acoge y con experiencia como coordinador del proyecto ICI (Intervención Comunitaria Intercultural) en San José y Madre de Dios, considera que una noticia como la de Said «impacta como un torpedo sobre la línea de flotación de la convivencia» y teme que, por ello, aumente el miedo o el rechazo hacia una comunidad con la que trabajan codo con codo. «La mezquita está totalmente integrada en la dinámica colectiva del barrio», dice mientras recuerda el trato mantenido con el imam.

«No se trata de ocultar nada, pero sí que convendría ofrecer una versión de conjunto para evitar la generalización y no caer en los estereotipos de que todo lo islámico es peligroso», concluye Troya, quien apuesta «por seguir trabajando juntos en lo que nos une por encima de lo que nos diferencia».

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