La sombra del cierre acecha a Cabretón y Camprovín

Los alumnos del colegio de Camprovín permanecerán en el centro de la localidad. :: f.d.
Los alumnos del colegio de Camprovín permanecerán en el centro de la localidad. :: f.d.

Los colegios de estas localidades del Alhama y el Najerilla subsisten otro curso con cada vez menos alumnos y la mira puesta en un futuro incierto

F. DOMÍNGUEZ/S. SÁINZ LOGROÑO

Con puntualidad, cuatro de los cinco alumnos matriculados en la escuela pública de Camprovín llegaban al aula única del centro situado en los bajos de la casa consistorial. Allí fueron recibidos por Javier Robles, un joven maestro que se ocupa por segundo curso consecutivo de enseñar a los niños del pueblo.

Ajenos a que la escuela de la localidad lleva unos cuantos años al filo de su posible cierre por falta de alumnos suficientes, los pequeños saludaban afectuosamente a su maestro, quien a su vez se interesó por el estado de salud, de ánimo y por el verano de los pequeños. Quizá al contrario de lo que se podía esperar, sobre todo porque para los alumnos la jornada de ayer suponía dar carpetazo al verano, los chavales llegaron con mucha ilusión y encarando el curso con ganas, desde Sheila, la benjamina, hasta sus hermanos Pedro y Yoana, e incluso Dana.

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Robles señalaba la gran diferencia de ambiente de la escuela rural y la de las ciudades. «En una ciudad grande tienes en clase unos 25 niños, todos del mismo curso, y aquí estás con cinco o seis y cada uno de un nivel diferente», lo que le llevaba a manifestar que el ejercicio docente en los pueblos pequeños «es más como dar clases particulares, un ratito con cada uno, que se ayuden entre ellos...», eso sí, seguro de que «se pueden hacer cosas diferentes».

Los niños se benefician de una enseñanza casi a medida, pero es más difícil encontrar a alguien para jugar o trabajar en equipo

En este curso sólo hay alumnos de Educación Primaria, aunque de cinco niveles diferentes, para lo cual el maestro cuenta con la ayuda de los especialistas de Música, Educación Física, Inglés y Religión, que vienen puntualmente a dar sus clases, «el resto es competencia mía». Restaba importancia a la permanente sombra del cierre de cada año, y señalaba que «el Ayuntamiento está haciéndolo bien y se logra salvar del cierre cada año. Ahora han hecho una casa y se hacen otras cosas para atraer a familias jóvenes con hijos pequeños para que la escuela se pueda mantener».

En Cabretón la situación es muy similar. Alexia, Cinthia, Jorge y Julen son los únicos estudiantes del colegio de esta localidad, perteneciente al CRA Alhama. Las madres de los pequeños están satisfechas con el centro. De hecho, ayer mismo comentaban que el colegio «está genial, es pequeño, coqueto y está muy bien dotado de material». Destacaban la «maravilla» de que los chavales «puedan ir solos allí cada día, oír sus risas y sentir su alegría» por las calles en un pueblo donde la mayoría de sus habitantes son jubilados. Creen que el cierre del centro supondría la «muerte» del pueblo porque cuentan que la comarca está sufriendo una rápida despoblación y esto sería la «puntilla».

La realidad es que la gente sólo acude los fines de semana y de vacaciones pero «el día a día es duro» porque, por ejemplo, los niños «no tienen ni con quien jugar y socializarse resulta fundamental», sostienen. Y es que aunque en un colegio como el de Cabretón la convivencia resulta fácil y el aprendizaje con cuatro alumnos, dicen que «está asegurado», la educación «es más, requiere convivencia con otros alumnos de su edad y trabajo en equipo. Lo ideal sería que familias con niños se instalasen en la localidad y que el colegio pudiera permanecer abierto».

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