Los solitarios juegos de Millán

Millán juega con el balón en el frontón de Daroca de Rioja . /Justo Rodriguez
Millán juega con el balón en el frontón de Daroca de Rioja . / Justo Rodriguez

El pequeño, de 9 años, es el único niño que vive en Daroca de Rioja, por lo que está habituado a andar en bicicleta o jugar al fútbol solo

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGO

Tiene un pueblo entero para jugar en él y al abuelo Carmelo que ejerce de taxista. Millán Echapresto (9 años) es sociable, positivo y encuentra ventajas a ser el único niño que vive en Daroca de Rioja. «Nadie me quita el sitio en el frontón», señala. Eso sí, admite que, especialmente en invierno, no halla otro compañero de juegos para darle unas patadas al balón «que la pared».

«Pero no me aburro», afirma este pequeño, que se confiesa acostumbrado a andar en bici solo o a practicar el balompié en la zona de los chopos o ante el frontis sin más compañía que la suya.

Y es que Daroca de Rioja, pese a su ubicación a escasos 19 kilómetros de Logroño, no escapa de la tónica general de una exigua población infantil que asola a la mayoría de pequeñas localidades de La Rioja. Aunque desde hace unos años a esta parte, la mitad de los cerca de 30 habitantes permanentes que contabiliza este municipio de la comarca del Moncalvillo se encuentran en la franja de entre los 14 y los 50 años.

«Antes había más gente mayor, pero ahora más de la mitad somos jóvenes», tercia el padre de Millán, el prestigioso cocinero Ignacio Echapresto. A ello atribuye que hoy en día existen más facilidades de transporte para estar conectados con la ciudad y la proximidad de Daroca a la capital riojana.

Sin embargo, tras Millán la otra persona de Daroca menor de edad ha soplado ya los 17. El niño estudia en el colegio de Navarrete, donde ha hecho muchos amigos. Cuando el astro resulta más benigno (especialmente en verano) y los fines de semana, se dejan caer por la localidad los pequeños descendientes de Daroca que viven en Logroño.

A la espera del estío, Millán combate la soledad con una agenda cargada de actividades extraescolares. El menor entrena los lunes con el Osasuna, los martes y jueves con el Tedeón de Navarrete y los miércoles asiste a clases de inglés. Cuando regresa a su pueblo, hace los deberes y estudia.

No le queda demasiado tiempo para pensar en qué haría si tuviera otros chiquillos con los que jugar. Esos ratos libres los dedica a soñar. «Me gustaría ser futbolista», reconoce este apasionado del 'deporte rey' que practica duro como lateral para llegar algún día muy lejos. «Quiero jugar en la Real Sociedad, en el Barcelona o en el Tottenham inglés», dice sin tapujos.

Misma situación

Ignacio conoce bien la situación por la que atraviesa su hijo. Cuando él era pequeño, tampoco contaba con demasiados niños con los que jugar. «Sólo mis hermanos y dos tíos que son jóvenes», recuerda. A él le tocaron los años en que la juventud de Daroca puso rumbo a la ciudad en busca de mayores oportunidades.

Al chef riojano le parece que el criarse en un pueblo tiene muchas cosas positivas. «Los niños son mucho más independientes», expone. Además, asegura que «te aporta mucha tranquilidad saber que, aunque está suelto por la calle, en un pueblo tienes a todo el mundo pendiente de él». E incluso lo miman, como hacen Isidro y Pilar, que siempre llevan caramelos encima por si Millán se los topa.

«Vivir en un pueblo además te ayuda también a ser más consciente de las cosas cotidianas, a valorarlas más y a madurar antes porque los pequeños mantienen más conversaciones con los adultos», agrega el progenitor.

No obstante, a Millán le gusta que lleguen las vacaciones estivales y que Daroca de Rioja se pueble de niños para ir con ellos a las piscinas de Navarrete, en bicicleta hasta Medrano o a jugar al fútbol en equipo.

«En verano y fines de semana se juntan en cuadrilla chavales de diferentes edades y los más mayores cuidan de los pequeños», apunta Ignacio, como otra de las bondades de la cotidianidad en los pueblos. Lo que a Millán no le quita el sueño es la vida en la ciudad. «Prefiero vivir en Daroca», subraya. De hecho, asegura que no le entusiasma bajar a hacer compras a Logroño. Eso sí, le encanta ir a Las Gaunas a ver los partidos del Logroñés, o a tomar unos pinchos por la Laurel o la San Juan.

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