Las setas de la discordia

Una familia aprovecha una soleada mañana para pasear por el Moncalvillo y recoger hongos. / J. RODRÍGUEZGráfico
Una familia aprovecha una soleada mañana para pasear por el Moncalvillo y recoger hongos. / J. RODRÍGUEZ

La llegada de centenares de vehículos y seteros durante esta campaña en el Moncalvillo mueve a varios municipios a habilitar medidas para regular la recogida micológica | Santa Coloma y Viguera preparan sus acotados para ordenar la afluencia de aficionados la próxima temporada

Pilar Hidalgo
PILAR HIDALGOLogroño

El aparcamiento situado en la zona de las antenas del Moncalvillo se encuentra en el último mes tan concurrido como el gratuito que se abre frente al Revellín logroñés en una jornada laborable. En el parking de la cumbre, al igual que en cualquier pista que se interna por estos montes ubicados en las cercanías de la capital de La Rioja, el ir y venir de coches resulta incesante desde que el pasado 15 de septiembre comenzó la campaña micológica de otoño y esta área registró una formidable explosión de boletus, quizá la más abundante floración que se ha producido durante esta desigual temporada en el territorio regional.

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Esto ha movilizado durante semanas a los cada vez más aficionados a la recogida de setas y hongos que existen en la comunidad y en otras aledañas. «La afluencia ha sido tremenda», constatan agentes forestales de la Dirección General de Medio Natural establecidos en el Moncalvillo para llevar a cabo operativos de vigilancia y control. Señalan que, dado que en otros puntos los rebrotes han resultado bastante más modestos, hasta estos montes se han trasladado gentes incluso de Lérida o Teruel y que en las jornadas con más concurrencia llegaron a contabilizar nada menos que 400 vehículos aparcados en la cima del Moncalvillo.

La ausencia de precipitaciones, necesarias para que se produjeran nuevas floraciones, y el que tamaña fiebre setera ya haya dejado estos montes casi sin productos micológicos ha rebajado la presión en las últimas fechas. «Hace dos semanas vine y se podía alcanzar el cupo de 3 kilos por persona y día; ahora ya quedan pocas», certificó Jesús Fernández, un aficionado de Fuenmayor que se paseaba con sus primos por el Moncalvillo en la festividad del Pilar. «Los fines de semana pasados se formaban procesiones de coches», ilustró en la misma fecha otra buscadora de setas, la logroñesa Lara Sáez. Ella valora que «ya va a menos, pero ha venido mucha gente y se han llevado muchos kilos». «Te situabas en un punto con la cesta y oías la conversación del de al lado», ejemplificó. «En el Moncalvillo se concentran demasiados seteros, pero me he acercado desde Autol porque no hay setas en otro sitio», confesó Rubén. No obstante, todos coincidieron en que, dada la falta de lluvias, «el monte está muy seco y queda poca cosa».

Normas básicas

Tamaño. Sólo se pueden recoger los ejemplares que hayan alcanzado su madurez. Los pasados o rotos hay que dejarlos en el lugar.

Recolección y traslado. A la hora de cortar una seta, hay que hacerlo por el pie con una navaja o similar, sin tirar desde la base llevándose el micelio. Luego se introducirá en recipientes que permitan la dispersión de las esporas como cestas de mimbre, paja o caña.

Prohiciones. No se permite recolectar más de 3 kilos por persona y día en los terrenos libres. Tampoco recoger setas de noche ni los lunes y martes (excepto sin son festivos nacionales o regionales).

Freno a abusos y afecciones

La impresionante avalancha de amantes de la micología durante esta campaña en el Moncalvillo ha conducido a algunos de los ayuntamientos cuyo término municipal abarca estos montes a sopesar la conveniencia de regular la recolección de setas y hongos en su jurisdicción en futuras temporadas para tratar de poner freno a las recogidas incontroladas y abusivas y a las afecciones al medio ambiente. Se da la circunstancia de que el Moncalvillo es una terreno libre para la recogida de estos productos forestales, donde sólo cuentan con acotados reservados a vecinos las localidades de Nestares y Sotés.

«Algo hay que hacer para que exista un orden», considera el alcalde de Nestares, Javier Hurtado, quien hace poco se llevó un susto porque a raíz de una colilla mal apagada comenzaron a arder unos pinos en su término. Y si no, asegura que entre la multitud se cuelan personas incívicas que dejan botellas, latas, bolsas, el papel de aluminio del almuerzo o rompen la cerca del acotado vecinal. «No hacen más que destrozos y, al finalizar la campaña, lo que sacamos de las setas es tener que mandar al retén a que repare la alambrada», atestigua.

La Dirección General de Medio Natural ha intensificado este otoño los operativos de vigilancia y control en los principales enclaves seteros de los montes de utilidad pública de La Rioja, entre ellos el Moncalvillo. Tan sólo en esta zona, los agentes forestales han decomisado unos 500 kilos de setas y hongos fuera de cupo, y que fueron entregados a los consistorios a los que corresponde la propiedad del terreno donde se produjo el decomiso.

La mayoría de ellos se deben a que se ha excedido el límite de 3 kilos por persona y día en estas áreas libres o por recolectar en lunes y martes, jornadas en que está prohibido y que se dejan 'de descanso' para propiciar la recuperación de los diferentes micelios. El decreto regional que regula esta actividad en La Rioja establece que estos incumplimientos pueden desembocar en sanciones de entre 100 y 1.000 euros.

Los agentes forestales también han dado el alto a personas que han salido a coger ejemplares por la noche (lo que no se autoriza) para hacerse con más kilos de los que permite el cupo y a una banda organizada que portaba 60 kilos de níscalos.

Ante esta situación y el 'efecto llamada' que ha supuesto esta temporada el Moncalvillo, algunos ayuntamientos han decidido pasar a la acción. El alcalde de Viguera, Aitor Santibáñez, dijo 'basta' cuando vio la foto de centenares de coches aparcados en la cumbre. «Es una bomba de relojería», apunta por, entre otros motivos, el riesgo de incendios que acarrea. Así, este consistorio ha comenzado a redactar una ordenanza reguladora de la recolección micológica en su jurisdicción (que en parte comparte con Nalda y Sorzano) y diseña una página web (se llamará 'micomoncalvillo') para expedir permisos como ya hacen Villoslada de Cameros, Lumbreras y El Rasillo para los no residentes previo pago. Los vecinos de Viguera, Nalda y Sorzano podrán retirar su autorización en el ayuntamiento de forma gratuita. «Pretendemos limitar el acceso de vehículos y repartir el recurso de forma equitativa entre todos», justifica Santibáñez.

Esta fórmula se implantará ya la próxima campaña, al igual que el acotado que prepara Santa Coloma. «Las cosas hay que organizarlas un poco para que funcionen mejor», argumenta la regidora de esta localidad, Natividad García.

La presión ejercida durante el último mes sobre el Moncalvillo conlleva otras derivadas en las que repara el primer edil de Sojuela, Miguel Pajares. Pajares expone que, ante tanta afluencia de seteros, los animales de caza mayor se estresan y se dispersan fuera de las manchas donde se localiza el coto cinegético. Además, la falta de alimento los desplaza a zonas más bajas, pudiendo ocasionar daños en cultivos o provocar accidentes en las carreteras. «¿Y qué derecho anteponemos: el de los cazadores o el de los seteros?», se pregunta, ya que «los primeros pagan por un coto que en estas circunstancias no pueden utilizar, mientras que los segundos no abonan nada por tratarse de un monte de utilidad pública», subraya. En el caso de Sojuela, los ingresos por el coto cinegético dejan 12.000 de los 600.000 euros a que asciende el presupuesto municipal. Representará una mínima parte, pero «con eso podemos arreglar caminos», concluye Pajares. En cambio, el rédito por las setas en este pueblo es nulo.

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