EL SEGUNDO ACUERDO

LA OPINIÓN - JORGE ALACID

Remotos los días en que José Ignacio Ceniceros confesaba su disposición a que Ciudadanos formara parte de su Gobierno... Los tiempos en que reconocía sentirse más apoyado incluso por la formación naranja que por sus propios compañeros del PP, quienes sin embargo luego le concedieron el timón del partido... Lejana incluso la tendencia que caracterizaba a Diego Ubis cuando coincidía con señalados miembros del Palacete en cualquier acto social y se apresuraba a distinguirles con su compañía... Porque pasarse las semanas amenazando con devolver las cartas de amor tiene sus consecuencias: podrá firmarse el armisticio, pero ya nada volverá a ser igual. La confianza, ya se sabe, es lo primero que se pierde.

O tal vez ocurre que no. Que todo es ficción. Puro teatro. Tal vez la negociación presupuestaria, recién sellada la paz en las estancias del Parlamento, encierra no tanto la historia de un desacuerdo con final feliz como la representación de una impostura: por el camino, los ahora enemigos irreconciliables han ido perdiendo crédito, sobre todo cuando de repente se transforman en amigos de toda la vida. Lo peor es que también pierde crédito la política, porque sus actores estiran demasiado la buena fe del administrado. Ese ciudadano asombrado por la capacidad camaleónica de quienes amagan con algo y acaban ejecutando lo contrario. Ese ciudadano sorprendido ante las elevadas dosis de amateurismo observadas entre los devotos de la nueva política, incondicionales del truco o trato que al final terminan por agachar la cabeza. A cambio, ayer lograron que les permitan volver a sentarse en la mesa de los mayores.

Año tras año, desde la mayoría relativa del PP en las urnas, se viven escenas parecidas por el Palacete, cercanas al sainete, aunque sus protagonistas se esfuerzan por dotar de novedades a cada ejercicio. En la presente negociación, el espectador bien informado habrá notado cambios. Por ejemplo, que el Gobierno se dio tanta prisa por presentar el Presupuesto ante la opinión pública como en regresar sobre sus pasos: con elogiable candor, su portavoz tuvo que confesar ante la prensa que se había precipitado. Una exhibición de ingenuidad a la que Ciudadanos respondió con una dosis de histerismo: presentando por sorpresa una enmienda a la totalidad, la más corta de la historia. Ya no existe. Un numerito circense que tuvo desde entonces al Gobierno con las cejas abiertas. Muy abiertas. Preguntándose si es muy de fiar un socio que se descuelga con semejante anuncio por la espalda y a traición. Hubo quien en el PP se enteró de la enmienda por la prensa: el típico gesto que ensombrece y llena de dudas cualquier negociación.

Más novedades: que mientras Ubis revoloteaba alrededor de la ADER sin atreverse a mencionar por su nombre la cabeza que pedía (la de Javier Ureña), desde el Gobierno le hicieron ese trabajo. Sin mentarlo, claro: pero dando tantas pistas que ese enigmático alto cargo cuya destitución se exigía de tapadillo, de pronto se materializó ante la opinión pública con nombre y apellidos. Lo cual suele equivaler a que el aludido retenga su cargo hasta el infinito y más allá. Ceniceros le quitó a Ubis la iniciativa desvelando el detalle de sus peticiones y Ciudadanos aceptó pulpo como animal de compañía: se reformará la ADER dentro de un año. Pasamos a la siguiente pantalla. La pasta de dientes ya no pudo meterse de nuevo en el tubo.

Así que todo son preguntas. La principal, qué ha cambiado para que hoy se firme lo que ayer se negaba. Este acuerdo que, en realidad, no es el primero. El genuino se firmó unas semanas atrás, cuando sus señorías, de suyo renuentes al pacto, sí que supieron dotarse de una millonaria paga parlamentaria para profesionalizar su dedicación. Donde tal vez resida la raíz que explique la reanudación del idilio: el Presupuesto regional es la llave de esos 1,7 millones.

En efecto: todo muy profesional.

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