Sánchez, el (a)zote del CETA

Finanzas... de andar por casa

MARTÍN TORRES GAVIRIA

Un asno veía con cierta pelusilla como el amo jugueteaba con su perrilla. Ésta saltaba a los brazos del dueño y lamía su cara a la vez que él le acariciaba. El jumento dijo entre sí: «Si a este animal tan inmundo y pequeño mi señor tanto ama y estima, cuánto más me amará si yo le hago lo mismo»...

Así debe pensar Pedro Sánchez con respecto a Pablo Iglesias a tenor de su actuación en relación al cambio de criterio del CETA. Al día siguiente de que su partido, el PSOE, votase a favor del tratado en la Comisión de Exteriores, el señor Sánchez dice estar en contra, o al menos no a favor, dejando en ridículo a sus compañeros que ahora tienen que decir diego donde dijeron digo y alineándose con la ultraizquierda podemita y la ultraderecha de Marine Le Pen.

Pero aclaremos, ¿qué es el CETA? Las siglas corresponden a su nombre en inglés Comprehensive Economic and Trade Agreement y es un acuerdo económico y comercial entre la Unión Europea y Canadá. Un tratado de libre comercio para favorecer el intercambio de bienes y servicios y el flujo bilateral de inversiones. La siguiente pregunta que nos tenemos que hacer es, ¿nos beneficia? Por supuesto, se impulsan las exportaciones reduciendo las trabas administrativas y, sobre todo, los aranceles. Hay reconocimiento de los títulos profesionales. Se establecen estándares de protección alimenticia, sanitaria y medioambiental. Nuestras empresas pueden acceder a concursos públicos en Canadá. Va a ayudar a generar crecimiento económico y empleo y la UE lo ha definido como el tratado más «progresista» de todos los que ha firmado hasta ahora. Pero, ¿qué argumentos dan sus detractores? Auguran la apocalipsis económica y democrática (¿?) y los únicos beneficiados son las multinacionales. Critican la creación de Tribunales Privados de Arbitraje, la tendencia a privatizar los servicios públicos y la falta de seguridad alimentaria. ¿Quiénes se oponen? Curiosamente los grupos más «emprendedores» de Europa: ultraizquierda (Podemos), filoetarras (Bildu), verdes, ultraderecha (Le Pen). Todos eurófobos, antiglobalización y curiosamente alineados con el ultraproteccionismo de Trump. Todas estas corrientes políticas preferirían que estuviésemos con taparrabos y sin salir de la tribu. La autarquía ya la intentó Franco y tuvo que abrir las fronteras para que los españoles no se murieran de hambre. En esta crisis que nos asola las exportaciones han sido las que nos han salvado del derrumbe inicial del consumo interno. Y este tratado viene a echar una mano. En La Rioja es fundamental incrementar todo lo posible la exportación de cualquier producto y en especial de nuestro vino. Ocupamos la quinta posición de exportadores de vino a Canadá detrás de EEUU, Francia, Italia y Australia. Nuestros caldos son mejores que cualquiera de éstos. Con menos aranceles y burocracia hay que optar a podium. España necesita un PSOE unido, coherente, constitucional y con sentido de Estado. La duda es si con Sánchez todo eso es posible.

El asno seguía soñando: «... y podré vivir mejor y alcanzar mayor honra». En esto que vio a su señor entrar en la casa. Salió del establo, corrió hacia él rebuznando, haciendo corvetas y lanzando coces. Saltó sobre él, puso las pezuñas en los hombros de su amo y con la lengua comenzó a lamerle la cara. El señor asustado y espantado por la situación grito pidiendo auxilio. Vinieron sus familiares y, ante la estrambótica situación y los gritos de socorro, le dieron palos al burro hasta quebrarle las costillas. El pobre borrico atado en su establo recapacitó y se dijo: «¡Qué error es querer ser lo que no se es!».

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