Saludos desde Kirguistán

Saludos desde Kirguistán

El motero riojano Raúl Espinosa, que partió en moto hace un mes desde Alberite rumbo a Nepal, ha cruzado ya el ecuador de su aventura

Diego Marín A.
DIEGO MARÍN A.Logroño

El pasado 28 de abril Raúl Espinosa, vecino de Alberite, se tomó un café con su amigo y compañero Juan Vicente Lumbreras en el bar Armonía y partió rumbo a Nepal en motocicleta. Un mes después ya ha sobrepasado el ecuador del recorrido que, como confesó antes de partir, le conduciría por «países que ni siquiera sabía que existían, como Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y Kirguistán». Para llegar a Nepal deberá circular durante 20.000 kilómetros, parte de los cuales realizó junto a Juan Vicente, quien le acompañó hasta Estambul.

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Una de las mayores dificultades que esperaba era cruzar la frontera de Turkmenistán, trámite que podría alargarse una semana, pero fue más ágil de lo que temió. Y es que había planificado el viaje con antelación. Al llegar a Irán, el 19 de abril, explicaba: «Llevo 10.000 kilómetros y todo va según el plan previsto. Aquí la gente es maravillosa, simpática, hospitalaria… ¡una pasada!». Y en Uzbekistán, el 21 de abril, contaba: «Ya estoy en Bujara y es muy bonito, aunque es demasiado turístico». A día de hoy, 1 de mayo de 2018, Raúl Espinosa conduce su moto BMW por Kirguistán, habiendo pasado por Italia, Albania, Grecia, Turquía, Irán, Turkmenistán, Urbekistán y Tayikistán. «Este país, Kirguistán, gana por goleada al resto de Asia central. Por el estado de las carreteras Turquía e Irán están muy bien, aunque son aburridas para ir en moto», subraya Raúl, y en cuanto a ciudades, opina: «Por ahora, mi preferida es Yahz (Irán), con el mayor casco urbano que he visto de casas de adobe». Otros lugares, en cambio, no eran como esperaba: «También ha habido decepciones, ciudades como Samarcanda e Isfahán, con impresionantes tres edificios y el resto, son ningún tipo de encanto».

«En Irán no he visto una mala cara»

De la travesía que está realizando Raúl asegura que lo que más le ha impresionado es «la cultura persa de hacer que el viajero esté a gusto en sus países». «El pueblo de Irán es encantador», insiste, y añade: «He estado once días en Irán y no he visto una mala cara, al revés, todos son amables, simpáticos y con ganas de ayudar». Parece que todo está saliendo bien en esta aventura sobre ruedas, sobre todo gracias a que «la gente de Asia central en maravillosa, aunque, sin embargo, en Kirguistán son un poco más tiesos». Sólo cabe destacar que en la cordillera del Pamir (Tayikistán) se perdió por una pista en la que es la segunda carretera más alta del mundo. «Al principio gozaba con la aventura y la seguridad de que sabía cómo llegar, pero con el paso de las horas y de ir por en medio de la nada, con un conjunto de moto y equipaje de 400 kilos, haciendo enduro por las dunas, con barro y riachuelos… al final estaba un poco tenso», confiesa Raúl.

Partió de La Rioja con apenas «un 'kit' de supervivencia con chorizo y longaniza, cuatro calzoncillos, cuatro camisetas y unas zapatillas», pero parece que está siendo suficiente para llegar a su destino. Un mes le queda por delante hasta Nepal, cruzando Pakistán, India y China. «Echo en falta a mis hijas, a mi pareja Susy y a mis amigos, pero a mí esto se me hace hasta corto. Estos viajes enanchan y te acostumbras pronto a la libertad, la soledad, los nuevos conocidos, las nuevas comidas, la aventura, no saber dónde vas a dormir… Esta sería mi vida ideal si no tuviera familia», admite Raúl. Allí lejos este motero quiere lanzar un mensaje, un consejo: «Viajad por vuestra cuenta, no con circuitos organizados como rebaños, mezclaros con los lugareños y disfrutas de su cultura, sus gustos culinarios y sus tradiciones. Así se curan muchas enfermedades como la intolerancia agua, el racismo crónico el nacionalismo idiota». Y antes de volver a arrancar su moto rumbo a Nepal, Raúl grita: «¡Viajad, viajad, malditos!».

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