«Rozo el máximo de lo que puedo pagar de alquiler, así que hay poco margen de ahorro»

Mónica Cadarso. :: l.r./
Mónica Cadarso. :: l.r.

C.N. LOGROÑO

Mónica Cadarso es una riojana de 23 años que hace dos años emprendió el camino hacia la independencia. Una ruta vetada para la mayoría de jóvenes que o bien no encuentran empleo o que si tuvieron la suerte de encontrarlo su sueldo no les da para mucho y menos para hipotecar el resto de sus vidas con unas cuotas inabordables.

Dejó el hogar familiar con 21. Su primera incursión hacia la vida de adulta la hizo con quien entonces era su pareja. «Vivía en un piso que era de sus padres y ahí no pagaba el alquiler», pero la cosa cambió hace un año. La relación se acabó y se atrevió a alquilar un piso. Entonces empezó a vivir verdaderamente sola. Así lleva más o menos un año, aunque en este tiempo ha estado ya en tres sitios. El último, desde hace dos semanas, es un estudio-ático en Lardero, pequeño pero coqueto.

«Está rozando el máximo de lo que yo puedo pagar, que son unos 400 como máximo, y estoy pagando 375 euros», cuenta. A eso tiene que sumarle el resto de gastos, que no son pocos, así que «el margen de ahorro es reducido, aunque la verdad es que me apaño bien».

Sólo hay un gasto que de momento no asume: las comidas. Todos los días regresa a la casa que dejó hace dos años. Lo hace a la hora de comer. Y es que «como tengo jornada partida, tengo poco tiempo para comer, así que voy a casa de mis padres. Ellos están encantados y yo también», comenta.

El trabajo ha hecho posible su emancipación. Está empleada como técnico de Marketing en Garnica, la misma empresa en la que empezó las prácticas cuando estudiaba el último año de Administración y Dirección de Empresas en la Universidad de La Rioja. Primero encadenó dos contratos temporales y en enero llegó el añorado 'indefinido'.

¿Vivir sola? «Es cuestión de gustos», asegura Cadarso, sobre un tema que se ha convertido en el eterno debate con sus amigos. «Yo, de momento, estoy muy a gusto sola. Ya estoy todo el día con mucha gente y prefiero llegar a mi casa sin que nadie me diga nada».

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