«Rompía las recetas y me llamaba payaso»

Mario, nefrólogo que sufrió la agresión de un paciente. :: /Enrique Del Río
Mario, nefrólogo que sufrió la agresión de un paciente. :: / Enrique Del Río

Mario, nefrólogo, sufrió la agresión de un paciente que acabó condenado a prisión | El especialista apunta que aunque tratan de «brindar la mejor atención, a veces recibimos insultos y agresiones», que desde la reforma del Código Penal en el 2015 no salen gratis

Carmen Nevot
CARMEN NEVOTLogroño

Estar en la primera línea, a veces, no es fácil. En muchas ocasiones, más de las deseadas, el personal sanitario se convierte en el 'sparring' de las agresiones físicas y verbales de pacientes que cruzan la línea del respeto. Pero traspasar los límites no sale gratis, sobre todo, desde que en el 2015 el Código Penal les reconoció como autoridad pública y, por tanto, atentar contra médicos y enfermeras puede estar penado hasta con cuatro años de prisión. Un paraguas que se hizo necesario dado el incremento exponencial de las agresiones contra este colectivo.

Mario -es un nombre ficticio- es nefrólogo y desgraciadamente ha sido el protagonista de uno de los casos de agresiones a médicos que se han registrado este año. Trabaja en un centro médico concertado del Servicio Riojano de Salud desde el 2015 y desde los inicios fue el objeto de las agresiones, primero verbales, de uno de sus pacientes. «Me insultaba, me faltaba al respeto y cuando pasaba a su lado se hacía el dormido para que no le hablase», explica.

«Me ignoraba en muchas ocasiones, me rompía las recetas, me decía que no era nadie, que era un payaso, que tenía que pedirle audiencia». El trato vejatorio era constante, pero no sólo con él, también con sus compañeras. Días antes de que la situación explotara, el paciente había subido el tono de sus constantes agresiones y la actitud hostil hacia él se fue agravando.

El 15 de marzo pasado, sobre las 8.15 horas, cuando el agresor, que había formulado una queja por la atención de una enfermera, estaba siendo atendido por una administradora y por el propio Mario, se negaba a hablar con el facultativo y se mostraba agresivo.

En un momento determinado y «con la intención de menoscabar su integridad física, le gritó y le propinó un empujón para salir del despacho y tras intentar que se calmase y resolver la queja que había presentado contra la enfermera, le propinó otro empujón que le hizo perder el equilibrio, le tiró contra un perchero metálico y cayó al suelo golpeándose el brazo y el glúteo derecho. Además, «con intención de menospreciarle», se dirigió a él y, según la sentencia, le dijo: «Hijo de puta, es una encerrona, hablaré con mi abogado».

Mario denunció los hechos y aunque el agresor no fue detenido, sí se presentó al juicio rápido señalado dos días después. Pero al no aceptar ni la pena ni los hechos que le atribuía la Fiscalía, el caso pasó al Juzgado de lo Penal número 1 y en octubre se celebró un nuevo juicio que acabó en la condena del agresor a seis meses de cárcel y una multa de 150 euros, además de una indemnización de otros 150 euros por los delitos de atentado en concurso con otro leve de maltrato de obra. No obstante la juez acordó la suspensión de la pena de prisión, condicionada a que no delinca en dos años.

Mario es consciente de la importancia de denunciar las agresiones porque aunque «uno trata de brindar la mejor atención, a veces, lo que recibe son insultos e improperios».

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