RIOJAFÓRUM Y EL JUEGO DE LAS DIFERENCIAS

Corrillo en torno a Caperos, en Riojafórum. :: sonia tercero
Corrillo en torno a Caperos, en Riojafórum. :: sonia tercero

JORGE ALACID

El congreso del PP en Riojafórum coincidió con un foro dedicado a reflexionar sobre la vida espiritual, cuyos participantes se desperdigaban por el recinto procurando evitar la compañía de quienes se disponían a enterrar políticamente a Pedro Sanz. Al visitante que acudiera al congreso que este fin de semana reunió a los convocados a clausurar la etapa de César Luena al frente del socialismo riojano también le recibía el sábado un misterioso círculo formado por hombres y mujeres que parecían congregados alrededor de algún líder espiritual. Luego resultó que en realidad le hacían corro a Félix Caperos: allí estaban sus incondicionales, tanto los que dieron la cara por él como quienes se movieron entre sombras.

Resultaba una bienvenida desconcertante, una metáfora inmejorable para reflejar esa idea que anida en el subconsciente colectivo del votante: todos los partidos son iguales. Se detestan sus dirigentes con la misma dosis de inquina. Eluden hacer prisioneros y ni siquiera se esfuerzan por aparentar que se llevan más o menos bien, así en el PP como en el PSOE. Aunque hay alguna diferencia: así como el cónclave para elegir entre Ceniceros y Gamarra se sustanció en la sala principal, el PSOE se conformó con una estancia de bolsillo, a juego con ese aire de familia mal avenida que tantos disgustos electorales se ha cobrado de José Ignacio Pérez a esta parte.

Más diferencias. La fundamental: que en el PP hubo cuchilladas porque en juego estaba el poder. Con mayúsculas. Mientras que los socialistas se conforman con zancadillas, patadas en la espinilla, collejas de camaradas. Porque ellos no están en el poder y no hay púrpura para repartir entre los fieles: sólo alguna vaga promesa de que el día de mañana... Debe aceptarse no obstante que al menos en las formas el PSOE algo ha mejorado. Domina el apartado litúrgico y la teatralización se ha perfeccionado, hasta deparar escenas inigualables como la entrada en la sala de Luena llevando consigo a Francisco Ocón. Para que no hubiera ninguna duda de que la sucesión se ha planificado evitando dentelladas al estilo del PP. Hay quien sí escarmienta en cabeza ajena.

En consecuencia, el discurso con que Ocón tomó ayer el timón socialista debe inscribirse en una línea de continuidad respecto al jefe recién depuesto que se fortalece por la integración en su equipo de numerosos miembros del club de fans de Luena, dispuesto a regatear la clase de errores observados en sus rivales: cuando el líder se va, debe irse de verdad. Lo contrario significa tutela. Un poder vicario que daña las expectativas del partido. Lo cual vale tanto para el PSOE como para este PP que viene de darle en Haro la razón a Sanz: no se os puede dejar solos. Porque no hay nada espiritual en la vida interna de un partido. Sólo carnalidad y ambiciones. Y el talento de sus líderes consiste en encauzarlas hacia un ideal compartido. El tipo de tarea ciclópea que aguarda a Ocón.

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