La Rioja celebra la Resurrección

Logroño. Una milimétrica y complicada maniobra para conseguir que la talla de Jesús Resucitado traspase el arco de entrada del cementerio logroñés. :: juan marín/
Logroño. Una milimétrica y complicada maniobra para conseguir que la talla de Jesús Resucitado traspase el arco de entrada del cementerio logroñés. :: juan marín

Cientos de fieles acompañaron ayer la procesión del Cristo Resucitado, que pone fin a la Semana Santa de Logroño

LA RIOJA

El habitual silencio se quiebra en el cementerio logroñés a golpe de tambor. Avanza el Cristo Resucitado a hombros de la Cofradía de la Entrada de Jesús en Jerusalén. Desde la altura que proporcionan las andas, el Cristo ofrece su mirada complaciente, dulce y generosa. Luce una brillante túnica blanca y, detrás de él, una cruz desnuda envuelta en el sudario. El paso se aproxima a la salida del camposanto. Cientos de fieles esperan a las puertas para revivir la emoción del momento que saben que se acerca. Los cofrades guardan sus horquillas y a las órdenes del 'mazo' en una maniobra milimétrica y calibrada consiguen franquear el umbral. La delicada y complicada tarea de apenas minutos corta la respiración general. La talla baja de los hombros a los brazos para descansar finalmente en las manos de los cofrades. El respeto contenido explota en un potente aplauso avivado aún más por el redoble de tambores al comprobar que el paso ha traspasado con éxito el arco de la entrada. Cientos de móviles han inmortalizado la escena.

Arranca así la última procesión de la Semana Santa de Logroño, la última y la más espiritual porque la del Cristo Resucitado es la que da sentido a toda la Pasión: el triunfo de Cristo sobre la muerte.

La nutrida comitiva -arropada también por representantes del resto de cofradías de la ciudad- deja atrás el cementerio logroñés poco después del mediodía en una luminosa mañana para enfilar la carretera de Navarra camino del Puente de Piedra. El mazo marca el paso y comienzan los relevos en los portadores. Cruzando el puente, los devotos se mezclan con los curiosos turistas extranjeros -que plasman la singularidad de la estampa- y los habituales paseantes domingueros en chándal.

Avanza lento el Cristo por el puente y tintinean las horquillas de la treintena de portadores en el suelo. El paso por el puente es otra escena para la retina, con las torres silueteadas de las iglesias. Tras cuatro relevos, la procesión hace la rotonda de San Gregorio. La Redonda repica sus campanas y el cortejo llega a avenida de Navarra. Es una cuesta, no muy pronunciada pero suficiente para la carga que se lleva a hombros. Antes de asomar al hospital de La Rioja, los tambores y bombos suenan espectaculares y vibrantes. En el hospital el paso da un quiebro para situarse frente a la entrada (signo de respeto y recuerdo a los enfermos). Jesús es mecido en un baile suave, acompasado y vigilado por tres cigüeñas en el tejado del hospital. Los palillos suenan despacio. Aplaude con fuerza el público y ya por Capitán Gaona se llega al colegio Compañía de María y la despedida.

El resto de localidades riojanas también procesionó ayer el final de la Semana Santa 2018.

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