El reto de ganarle la partida al pitillo

Sesión del curso de deshabituación tabáquica en la AECC. /Justo Rodriguez
Sesión del curso de deshabituación tabáquica en la AECC. / Justo Rodriguez

Muchos ciudadanos recurren a los cursos de deshabituación tabáquica para superar la dependencia al tabaco

MARÍA CASADO LOGROÑO.

«El de la mañana es fundamental, igual que el de cuando voy en el coche al trabajo, o el de después de comer, o el de antes de cenar», reconoce Raúl (nombre ficticio). Y sus 'compañeros' de curso de deshabituación tabáquica de la Asociación Española Contra el Cáncer de La Rioja asienten. Es la segunda sesión y toca hacer, lo primero, un repaso a los logros conseguidos en esa búsqueda de la reducción del consumo hasta llegar a cero.

Con perfiles sociales muy variados, de edades diferentes, aunque ninguno en la juventud, los participantes empatizan rápido. Saben lo complicado que es desprenderse de los 'pitis' que llenan los distintos instantes de su rutina. «Intento pasar el mayor rato posible con mi hija y nieta, delante de las que no fumo, para evitar la tentación», cuenta Antonio (nombre ficticio). Los demás lo miran atentos. Todos tratan de buscar 'trucos' para evadir esa llamada a consumir tabaco, que en la mayoría de casos lleva años, incluso décadas, siendo parte de su vida.

Por eso se incide en desmontar pensamientos, desautomatizar conductas... Y así se plasma en la pizarra, donde varias frases son objeto de análisis: «necesito» versus «quiero»; «tengo que» versus «elijo que», «tengo miedo de» vs «me gustaría»; «no puedo» vs «no quiero». Porque lo que les transmite Tamara Redondo Elvira, la psicóloga de AECC La Rioja que imparte la sesión, es la idea de recuperar el control de sus decisiones y con ello, de alguna manera, liberarse de la atadura del tabaco.

Cambio de hábitos

El curso de deshabituación tabáquica al que asiste este diario es uno de los que habitualmente lleva a cabo la AECC La Rioja (13 en el 2017), algunos de ellos en colaboración con la Consejería de Salud del Gobierno de La Rioja. «La demanda de estos cursos es constante; está compuesto de cinco sesiones, una vez a la semana, y luego hay un seguimiento individualizado a los tres, seis y doce meses», explica Redondo.

Con un perfil generalizado de mayores de 40 años, aunque siempre hay excepciones, y algo más de mujeres que de hombres, en el 2017 el porcentaje de éxito fue del 61%. «Es buena proporción. Pero no es cuestión de que el taller funcione sino de que ellos realmente quieran venir», apunta. ¿Y cuántos recaen? «Siempre hay alguno que vuelve, pero no hay que verlo como negativo, porque todo el tiempo que se está sin fumar en sí es una victoria y están más cerca de dejarlo definitivamente, porque una vez ya fueron capaces de hacerlo», subraya la psicóloga.

¿Por qué cuesta tanto? «Hay dependencia física y psíquica. La nicotina tiene su efecto físico, pero también es algo psicológico: conductas automatizadas, asociación del tabaco con situaciones determinadas, y el hecho del refuerzo, de que te da algo: placer, concentración, relajación, etc.», explica Redondo.

«La razón fundamental de querer dejarlo es la salud, con la idea de querer vivir lo mejor posible la vida que nos toca; también, el tener hijos; el tema económico...» Para lograrlo cada uno tiene una técnica para dejarlo, «todas válidas e incluso se pueden complementar, lo importante es querer», concluye.

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