El relojero que acabó al frente de una góndola

Jesús Díez Martínez

L.J.R. SANTIAGO.

La colonia riojana en Chile acumula historias de superación, innovación y emprendimiento. Hay casi tantos ejemplos como emigrantes riojanos recalaron al este lado de los Andes (el cerro, le dicen por aquí), pero una de las más singulares es la de Jesús Díez Martínez. 'Jechu', como le conocían los más íntimos, no decidió emigrar, a él le trajeron a los 3 meses de vida desde su Ventrosa de la Sierra natal. Las estrecheces económicas le obligaron a dejar los estudios y ponerse a trabajar a los 14 años. Probó junto a su padre en 'La bola de oro', un negocio de productos de segunda mano, tiró de azada en el campo y con 16 años abrió un relojería.

Pero su destino tenía forma de autobús. Dos años después (1948) compró una 'góndola' para conectar San Francisco de Mostazal (de donde fue alcalde y regidor) y Rancagua. Con 'la pollera' (nadie se montaba sin gallinas, dicen quienes recuerdan aquellos tiempos, Díez Martínez hizo de todo: fue chofer, cobrador, gerente, auxiliar y mecánico. Las cosas iban bien. Se casó, tuvo cuatro hijos y se fijó como reto tener un autobús por cada uno de sus hijos. «No se si me faltaron hijos o me sobraron máquinas», recordaba ayer Jesús Díez González que decía su padre. Visto lo visto, le faltaron hijos... y muchos.

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