Emprendedores riojanos

Reinvención obligada con un final esperanzador

Reinvención obligada con un final esperanzador

La crisis ha empujado a abrir negocios propios a personas anteriormente empleadas por cuenta ajena en otras actividades y sectores

MARÍA CASADOLogroño

Múltiples dichos alimentan la reinvención personal: renovarse o morir; lo que no te mata te hace más fuerte... Luego hay que llevarlo a cabo. Y ahí la realidad suele superar a la ficción, sobre todo tras una crisis que amaga con desaparecer, aunque a un ritmo desigual. Y en este período crítico ha habido numerosos damnificados: amigos, vecinos, familiares. ¿Quién no conoce a alguien que tras años de trabajo en una compañía ha tenido que empezar de cero? Pedro, Karina y Pilar son ejemplos de esa reinvención laboral, de un camino complicado, sobre todo al principio, pero que va tomando forma con el paso del tiempo, a pesar de los baches.

Pedro Padilla (Frutas Gastón): "El primer año fue muy duro; ahora tengo mi clientela"

Las cosas vienen como vienen. Después de 13 años en Garel, en los albores de la crisis, Pedro Padilla (56 años, Entrena) se quedó sin trabajo cuando la firma cerró. «No hubiera pensado nunca salir de allí, la lencería y la corsetería era una actividad que me gustaba, estaba como encargado de corte. Pero irrumpió el mercado Chino con precios a los que no se podía competir y...», recuerda.

«Estaba muerto de miedo porque todo podía complicarse»

Leo Muñoz perdió hace cinco años su empleo de aparejador y la fotografía (su afición) se convirtió en su modo de vida desde entonces

En verano del 2012 Leo Muñoz se quedó en el paro.Trabajaba de delineante, el sector de la construcción fue el más golpeado por la crisis y su profesión también lo notó. Estuvo seis meses cobrando el paro y dándole vueltas a la cabeza. Su afición era la fotografía, sabía que lo hacía bien y estaba dispuesto a intentarlo. Un compañero suyo de la asociación de fotografía de Calahorra estaba en la misma situación y decidieron asociarse y montar un estudio fotográfico.

«Pedí el resto del paro y lo invirtí en el negocio, estaba muerto de miedo porque mi mujer también se había quedado en el paro y la situación podía complicarse mucho», cuenta. Pero su afición fue su salvación. «No pudimos acogernos a las ayudas de jóvenes emprendedores», recuerda con humor, «pero teníamos tantas ganas como ellos», recuerda.

El comienzo no fue fácil. «Es un trabajo de temporada, tienes unos meses de mucho trabajo pero hay otros que no y tienes que seguir pagando todas las facturas», cuenta.Además, entonces había siete fotografos en Calahorra. «Ahora sólo estamos dos y eso también se nota», explica. También es imprescindible darse a conocer. «Aún hay mucha gente que piensa que esto es sólo una afición», dice, pero la fotografía fue su segunda oportunidad.

Después llegó un periplo por muy diversas actividades temporales: el Consejo Regulador, una bodega, la galletera de Mondélez en Viana, Manipulados Mendavia... Buscaba estabilidad y alentado por un antiguo compañero de Garel se decidió a coger la Frutería Gastón, en la calle San Millán de Logroño. «Comencé en marzo del 2013, inicialmente con mi compañero de socio aunque yo era el que llevaba la tienda y al año siguiente ya me quedé como único propietario», explica, mientras relata que capitalizó el paro.

Con la perspectiva que da el paso del tiempo, Pedro admite que «el primer año fue muy duro; entraba poca gente...». Hoy la clientela va en aumento y, aunque todavía queda margen de mejora, él está contento. «Estoy muy agradecido a la gente del barrio, me han acogido muy bien», subraya. Ya conoce a muchos de ellos, e incluso tiene a «los clientes del sintrom», cuenta, refiriéndose a los que acuden al centro de salud Joaquín Elizalde a revisión.

«Ser tu propio jefe tiene sus ventajas, tú te mandas y organizas, aunque trabajas sin horario, sin descanso semanal, sin vacaciones (al menos de momento)...», apunta. No en vano, Frutas Gastón abre de lunes a domingo y no solo se limita a la fruta y verdura, más bien es una tienda de alimentación en general, con pan a diario, etcétera. «Apuesto por el producto local, de calidad».

Pilar Molia (Bar Acuario): "Llevaba tiempo mirando para abrir mi propio negocio"

En el 2008 cerró su empresa familiar de muebles y Pilar Molina (54 años) se trasladó con su familia desde la vecina Soria a Logroño en busca de trabajo. Con el paso de los años fue enlazando empleos temporales: en una fábrica de caucho, en una galletera, en un restaurante, en un hotel, limpiando en casas... «En algunos momentos estuve solapando varios trabajos y gestionando nuestra casa de Soria que la tuvimos que poner como casa rural», precisa. Entonces tampoco tenía ocupación su marido.

Pero las cosas han ido cambiando: él tiene trabajo y ella, tras el final del último contrato a principios de año, ha capitalizado el paro y se ha decidido a emprender su propia actividad, a gestionar el bar Acuario, en Marqués de Vallejo, junto al hotel homónimo.

Ligera tendencia al alza de los riojanos autónomos

Las sensaciones sociales transmiten unas ideas y las cifras a menudo acompañan, aunque no sean en la misma proporción que las sensaciones. Y es que a pesar de que durante la crisis se percibió un aumento del perfil del emprendedor, del autónomo por antonomasia, su evolución resultó negativa hasta 2013. Fue a partir del 2014 cuando comenzó un crecimiento muy ligero, aunque sostenido en el tiempo. Todo ello, tal como muestran los datos ofrecidos por el Ministerio de Empleo y Seguridad Social, a fecha de junio de cada ejercicio y donde se comparan las afiliaciones medias.

Cabe recordar que a partir de enero del 2008 los trabajadores por cuenta propia del Régimen Especial Agrario pasaron a integrarse en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (establecido en la Ley 18/2007 de 4 de julio), de ahí que en el 2008 las estadísticas muestren ese espectacular crecimiento. De cualquier modo, lo que refrendan los datos es la tendencia al alza del perfil del autónomo en La Rioja en el 2017 (26.370), aunque se esté todavía lejos de los 28.857 del 2008 o de los 27.332 del 2009.

La experiencia arrancó el pasado 1 de mayo. «Llevaba tiempo mirando para abrir mi propio negocio, nos planteamos otros sectores pero finalmente nos decidimos por la hostelería», admite. Con la idea de buscar algún establecimiento de este tipo se acercaron a la FER donde, a través de la Oficina de Traspasos de Negocios, dieron con su actual bar.

Si bien Pilar es la cabeza de la empresa, no está sola: junto a ella se han embarcado sus tres hijas, Marta, Elena y Elisa, quienes, en diferentes proporciones de dedicación, atienden la barra mientras su madre se ocupa de la cocina. «Los dos primeros meses no han estado mal, el negocio funciona, pero ahora vamos a hacer una reforma del local, a abrir entrada por la calle San Juan y ampliar lo que ofrecemos», anuncia a la espera de concretar el nombre del nuevo bar.

Karina Rincón (Kucoo): "Estuve cuatro años en el paro, fue complicado"

Hace 15 años España era una tierra de oportunidades y La Rioja lo era en el ámbito del diseño gráfico. Así lo vio Karina Rincón (47 años), natural de Venezuela y diseñadora gráfica de profesión. «Sorprendía que en un sitio tan pequeño hubiera el número de agencias que había y la demanda», reconoce. Primero entró en una agencia pequeña y posteriormente en una de las grandes (Nueva Imagen). Pero con la crisis, en el 2009, llegó su despido. «Estuve cuatro años en el paro, fue una época muy difícil; me daba puntualmente de alta como autónoma si me salía algún trabajo concreto...».

Y de la necesidad de un collar para su perra Lola hizo virtud: comenzó a desarrollar complementos para perros (collares, mochilas, bolsos-correas para el paseo, arneses, etc.) y una marca, Kucoo, de respeto por el medioambiente, con materiales de calidad, que ella misma produce y vende online (kucoo.es). Del inicio de su aventura hace ya cinco años y despacio, pero va avanzando. «Creo que es un nicho de mercado importante y agradecido; me gustaría dedicarme a ello a tiempo completo, pero de momento no da, así que lo compagino con otros trabajos temporales: cuidado de otros animales, empleada en un cine...», apunta.

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